Defensa del Minotauro Asterión

Por Tamara Víquez Madrigal


A mí, Asterión, hijo de la reina Pasífae y del gran toro blanco, me acusan de ser una bestia, un come hombres, un monstruo insensible e incontrolable… en fin, me acusan de ser una deformidad. Pueden tal vez tener razón, pero entonces díganme: ¿cómo se comportarían si les tratan como a un animal salvaje? ¿Cómo reaccionarían si toda una vida han sido una vergüenza, un ser diferente a sus hermanos? ¿Cómo se sentirían encerrados en un lugar sin salida durante años, sin ninguna interacción más que la propia, sin ningún alimento?

Podrán imaginar, entonces, que el comportarme como un monstruo es lo único que conozco, que el sentirme diferente es algo que ya asimilé y que confiar en alguien más me es imposible, ya que tan solo me conozco a mí mismo. Pero esto no es cierto. Yo soy el castigo por la muerte de mi hermano, aunque nadie nunca me preguntó si quería vengarlo. Asimismo, debía ser un castigo para Minos por su imprudencia de no sacrificar el toro blanco a Poseidón, pero fuimos mi madre y yo los que fuimos castigados en realidad: yo al ser encerrado y ella al ser apartada de mí. Sí, me gusta pensar que es así, que su amor de madre se extiende hasta mí, pero que su enorme pena de haber yacido con un animal le impide acercarse. Mi corazón humano en mi pecho desnudo siente que es así, que al menos ella me ama.

 Sobre el alimento y mi hambre insaciable; no es que me plazca el acabar de un solo bocado la vida de esas doncellas y jóvenes a quienes aún les falta mucho por vivir, mas mi apetito voraz debe ser satisfecho. Ellos me mantienen en ayunas para que me sea imposible resistir ese delicioso aroma de carne fresca, ya que este manjar me es presentado una sola vez al año. O al menos eso dicen, ¿qué es el tiempo? ¿Cuánto tiempo es en realidad un año? Acá, dentro de mi mundo intrincado, sólo existen el sol y la oscuridad.

Ahora, ¡ay de mí!, dicen que un tal Teseo viene en camino para vengar a los atenienses, para asesinarme. ¡Ay de mí que no pedí nacer con esta condición! Que no puedo escapar ni de mi laberinto, ni de esta cabeza impulsiva, ni de este cuerpo lleno de sentimientos. Ahora me acechan pesadillas cuando duermo sobre cómo será mi muerte; tal vez sea rápida y fácil con una espada o con un golpe directo a mi pecho, o tal vez Teseo me golpee hasta morir. De la manera que sea, aún me queda una interrogante: ¿me defenderé o dejaré que me haga daño? ¿Mi impulso taurino lo atacará o mi alma cansada de esta soledad le dejará ganar?

Soy Asterión, cabeza de toro y cuerpo humano, incomprendido, acusado de miles de crímenes que me han sido adjudicados, pero la verdad, soy el único que conoce lo que he hecho, pues estos ambages no han sido transitados por nadie que haya podido salir de ellos y relatar al mundo exterior lo que sucede en este interior infinito de posibilidades.

Bibliografía

Apolodoro. (1985). Biblioteca. Editorial Gredos: Madrid, España.

Borges, Jorge L. La casa de Asterión. Recuperado de:

http://www.unistrada.it/docenti/3/MaterialeDidattico/2012/3/borgesjorgeluis-lacasadelasterion.pdf

 


Sobre la autora

Tamara Víquez Madrigal nació en agosto de 1993 en San José Costa Rica. Actualmente es estudiante regular de Bachillerato y Licenciatura de Filología Clásica en la Universidad de Costa Rica. Aficionada a las artes, estudió durante un semestre Dibujo en la Casa del Artista y durante tres años ballet clásico en el Taller Nacional de Danza, estudios que ha continuado al día de hoy en El Espacio.

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