Lo monstruoso femenino en la segunda parte del poema épico Beowulf.


A este poema antecede la ocupación de las tribus germanas que se establecieron en Inglaterra entre los siglos V y VI, producto de la escases de recursos y la hostilidad del clima en su lugar de origen. Además, se vieron motivadas por las guerras con los pueblos del este (visigodos, teutones, ostrogodos, escandinavos, francos…) y por el bloqueo que hacia el Sur suponía para ellos el Imperio Romano, pues a pesar del daño causado por las invasiones bárbaras, todavía era un fuerte contrincante. Se dice que otro de los motivos de la invasión fue la petición de ayuda de uno de los jefes britanos para luchar contra los celtas, de quienes los britanos eran enemigos hace tiempo. Los germanos acudieron y emprendieron la conquista. (García, s.f.: 18) A estos antecedentes se une la cristianización de parte de Gran Bretaña a partir del año 597 d.C.

El poema se escribe muy probablemente entre el siglo VIII, cuando los guerreros escandinavos (entre ellos daneses y noruegos) atacan Europa Occidental, y el siglo X, durante el reinado de Alfredo el Grande, luego de una fuerte crisis armada y política. (García, s.f.: 36) Para García, es en este momento en el que se da “la transformación del poema de Beowulf, haciéndolo pasar de épica guerrera de espíritu pagano a un tipo de relato que más lo acerca a los libros de caballería de espíritu cristiano” (García, s.f.: 38), por lo que se sugiere una composición anterior.

La obra está dividida en tres secciones y cada una gira en torno a las hazañas del héroe escandinavo Beowulf, quien se enfrenta a grandes peligros. En primer lugar, vence al ogro Grendl (quien ha aterrorizado al país de los daneses durante doce años) hiriéndolo de muerte y cortando  su brazo, el cual pasa a ser un trofeo del salón de los festejos. Posteriormente, en la segunda parte de la narración, la madre de Grendl irrumpe en el lugar en donde se encuentra el miembro de su hijo y cobra venganza asesinando a uno de los guerreros más apreciados por el rey. Luego de lograr su cometido, la fiera vuelve a su escondite, por lo que Beowulf decide seguirla y darle muerte. Finalmente, en la tercera parte de la obra, el príncipe de los gautas ya convertido en rey, se enfrenta a un temible dragón al que vence, pero a costa de su vida, con el objetivo de defender a su pueblo.

Ahora bien, habiendo comentado lo anterior, es posible enfocarse en los detalles de la segunda parte de  la narración de Beowulf, los cuales permitirán desarrollar el tema propuesto. En primer lugar, en el ámbito social, cabe resaltar la situación doble de exclusión y soledad en la que se encuentra la madre de Grendl, pues no solamente es una troll, sino que también es un monstruo femenino que ha perdido la protección masculina.

Por un lado, lo monstruoso es excluyente, puesto que aparta al individuo de la raza humana, de lo aceptado por la norma, ya que “La monstruosidad es una categoría de la anormalidad, es un concepto de fundamentación estadístico. Es anormal lo que no es normal y corriente, es decir regularmente estadístico. Y lo anormal inquieta y asusta” (Gubern, 1974); por el otro, lo femenino, principalmente desde un punto de vista cristiano, es visto en el contexto de la Edad Media como aquello que está subordinado a la fuerza de lo masculino, y que según la tradición grecolatina es menos perfecto, tal y como lo expresa Aristóteles:

Igual que de seres mutilados unas veces nacen individuos mutilados y otras no, de la misma forma, de una hembra unas veces nace una hembra y otras un macho. Y es que la hembra es como un macho mutilado, y las menstruaciones son esperma, aunque no puro, pues no les falta más que una cosa, el principio del alma (373a, 25-30)

 A causa de la continuidad de esta visión occidental, y de muchas otras razones, el hombre ostentó gran parte del poder en la Edad Media. Entre las tribus que se asientan en Inglaterra, es el hombre quien lucha y quien puede defender su honor al probar su valentía en alta mar o en el campo de batalla, mientras que las mujeres y los esclavos se dedican al rebaño y a los campos. (Taine, 1945:30)

La madre de Grendl es un ente no solo deforme y antinatural, sino transgresor y peligroso para el orden establecido, ya que se atreve a irrumpir en el espacio masculino, retando su poder para vengar a su hijo y luchando mano a mano con el primero entre los guerreros (primus inter pares). El texto cuenta:

Un vengador del maligno Grendl había logrado penetrar en el salón… Y aquel cruel e insaciable vengador no podía ser otro que la madre del ogro muerto a manos de Beowulf: una hembra troll…” (Anónimo, 2007:101). Más adelante, durante la narración de lo acontecido en la guarida de la troll, se expone lo siguiente: “la bestia no se amilanó y contraatacó con saña, aferrando con sus agudas garras la cota de malla de Beowulf y apretándolo contra sus flácidos pechos… (Anónimo, 2007:114)

Como tercer factor de lo monstruoso en función de lo social, y partiendo de  la descripción que se hace de la troll, es evidente que la madre del ogro se presenta como un ser que, en lugar de dar vida, representa la muerte para el hombre, lo grotesco e impuro que carece de fertilidad, a semejanza de las brujas o antagonistas de los cuentos, quienes se alejan del ideal femenino de la mujer joven, bella y fértil en potencia.

Con respecto al carácter impuro y nocivo de la criatura, es necesario reparar en las siguientes palabras que hacen referencia a la lucha entre la bestia y el guerrero gauta:

…desenvainó la desmesurada hoja y la enterró con toda la fuerza que da la furia en el cuerpo de la madre de Grendl… Al retirar la hoja el campeón geat descubrió, con asombro, que estaba teñida de una nauseabunda sangre negra y pegajosa. (Anónimo, 2007:116)

Esta sangre, incluso corrosiva, guarda semejanza con la sangre de la menstruación, período que en la antigüedad representó impureza y vergüenza, pues no solo podía atraer la mala suerte, sino que representaba la idea de violencia (Arana, 1996: 81).

Finalmente, en cuanto a lo monstruoso en relación con los aspectos religiosos que privilegian al hombre, podemos señalar la presencia del cristianismo en el texto, el cual para esta época estuvo en contacto con los valores de las tribus de antaño, e incluso llegó a imponerse sobre ellos, contribuyendo a que la religión antigua fuera cada vez más lejana y difusa.

En la segunda parte del poema se encuentran varias frases que apuntan a la influencia del cristianismo, pero, específicamente en relación con lo femenino y lo monstruoso, se puede mencionar el siguiente ejemplo que habla sobre la cueva rodeada por las aguas en donde habita la madre de Grendl.

Cuando Caín mato a su hermano, el hijo de su propio padre, recibió el estigma de su crimen, apartándose de la proximidad de los seres humanos para refugiarse en aquellas marismas hediondas y húmedas. Allí despertó a muchos espíritus malignos y los liberó por el mundo… (Anónimo, 2007:114)

El simbolismo del agua y de la cueva es claramente femenino, ya que el entorno acuático alude al vientre de la madre, así como la cueva hace referencia a las entrañas de la tierra, del útero materno. Por lo que en esta locación del poema, se une lo acuático con lo telúrico, ambos elementos simbólicos de la maternidad que también pueden cumplir con una función funeraria. La tierra produce frutos, pero también acoge a los muertos y las aguas representan tanto la génesis como la muerte. Según Eliade, las aguas

“son fons et origo, matriz de todas las posibilidades de existencia… el símbolo de la sustancia primordial de la que todas las formas nacen y a la que todas las formas vuelven por regresión o por cataclismo” (Eliade, 1974:222)

En este caso, el entorno acuático que antecede a la cueva representa la vida, pero una vida infernal posibilitada por la presencia del monstruo femenino, ya que es un hervidero de seres dañinos que desaparecen una vez que Beowulf asesina a la troll, por tanto, además de sostener la vida, representa la muerte para el hombre común que se atreva a sumergirse en ese ambiente impuro.

Por otra parte, es importante mencionar cómo se justifica la presencia de los muchos espíritus malignos que despertaron en esa cueva para dispersarse por el mundo con la transgresión de Caín y sus actuar vengativo y malévolo. Así como la madre de Grendl se enfrenta al poder para obtener venganza, Caín se revela buscando lo mismo, esta vez contra los hombres creados por Dios, contra aquellos que carecen de esa marca que lo enajena y lo condena, el estigma que lo aleja de la norma y lo excluye, el estigma de la monstruosidad, de su crimen ante los ojos de Dios y de los demás seres humanos.

En conclusión, se puede afirmar que lo monstruoso femenino cumple la función social de presentar la transgresión de la hembra y su lucha frente al poder masculino como algo abominable, incapaz de asociarse con un ser útil y agradable para una sociedad dominada por los hombres. Además, en el ámbito religioso, lo monstruoso femenino se relaciona con los poderes naturales (en dónde habitan seres malignos como serpientes y dragones), los cuales guardan un vínculo con la magia, y no con cualquier magia, sino con la necromancia, asociada desde la antigua Grecia con las mujeres, pues en el texto se llega a sospechar de una posible reanimación del cadáver de Grendl (Anónimo, 2007:117). Por ende, el elemento cristiano (aunque el poema no tiene una clara intención evangelizadora) viene a censurar el paganismo y la transgresión a las leyes humanas y divinas presentes en la figura del monstruo, debido a que

La tradición cristiana juega con otro registro, y convierte en dialéctica la concepción de la armonía y de la belleza del cuerpo humano. Creado a imagen de Dios, el hombre es la más bella de las criaturas, y en particular, el cuerpo de Cristo, hombre-Dios, encarna la idea de la belleza perfecta; por el contrario, la deformidad del cuerpo diabólico proporciona una figura, por su monstruosidad, a la negación del orden que la Creación introdujo en el caos para hacerlo un cosmos… (Arase, 2005:401).

 


Bibliografía

 Anónimo. (2007) Beowulf. Argentina: Longseller.

Aristóteles. (1994). Reproducción de los Animales. Madrid: Gredos.

Arana, M. J. (1996). Para comprender el cuerpo de la mujer. Una perspectiva bíblica y ética. España: Verbo Divino.

Arase, D. (2005). La carne, la gracia, lo sublime. Bogotá: Editorial Tauros.

Eliade, M. (1974) Tratado de historia de las religiones. Madrid: Ediciones Cristiandad, S. L.

García, C. A. (s.f.) Análisis histórico literario del personaje principal del poema medieval Beowulf. Monografía de Grado–Universidad Nacional de Colombia. Departamento de Lenguas Extranjeras.

Gubern, R. (1974). Las raíces del miedo, Antropología del cine de terror. Barcelona: Tusquets.

Taine, H. (1945). Historia de la literatura inglesa. Buenos Aires: Editorial Americalee.

 

 

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