El tiempo cíclico y el elixir de los poetas en Licor Rojo y La Transgresión maldita de Guillermo Sáenz Patterson.

Por Victoria Marín


En esta obra dividida en dos secciones, impera la voz del poeta maldito, aquella que nos comunica la voluntad de una fuerza terrible y misteriosa, la cual resulta incomprensible fuera de la esfera del poema, de aquel lugar en donde los sentidos se desbocan y nos conducen a las profundidades del ser, a causa  del hechizo de la palabra y de la lengua que ha sido tocada por los carbones encendidos del infierno.

Desde allí, el poeta diserta sobre el cambio, pero sobre todo, y al igual que algunos filósofos y sabios de la antigüedad, se preocupa por aquello que permanece al inicio y al final de la creación, eso que subyace bajo las apariencias y que apenas logramos percibir. Sin embargo, su filosofía termina en donde empiezan los dominios de lo simbólico; lo cual le permite comunicar desde la experiencia mística del hombre sensible.

Pero, no nos confundamos. El escritor no pretende iluminar el camino ni explicar la naturaleza por medio del conocimiento y la religiosidad como lo haría el filósofo parmenídeo o el héroe iniciático. Su gozo está en desafiar la inteligencia y el poder intuitivo del lector, llevándolo por los laberintos de la historia, del tiempo y de su propia mente; mientras, en medio de escenarios oscuros, transgrede la moral y cuestiona la memoria y el poder político de quienes pretendieron ser sus dueños y maestros.

Y es que, para la ambientación de este poemario, el escritor escogió como telón de fondo algunos lugares decadentes y marginales de nuestra Costa Rica. Allí es donde Sáenz, inspirado por la ley primitiva que surge de la noche de los tiempos, convoca a diversos entes y reclama para la naturaleza el destino de cada hombre, de cada ángel y demonio que ha puesto sus pies en las calles josefinas para instalarse en su memoria, atormentar sus noches e inspirar su poesía. Sin embargo, los deseos del poeta también se manifiestan y, de vez en cuando, lo incitan a cumplir con el capricho de salvar algunas almas (o quizás de condenarlas eternamente), suspendiendo su realidad en el papel y negándoles la desaparición. Tal es el caso de la polémica Beatriz Zamora López, Primera Dama de Costa Rica y esposa de Ricardo Jiménez Oreamuno, quien es recordada en la primera parte del poemario.

 

Dama de la Presidencia

1924

Era una puta

y después fue una santa.

Le decían: la cucaracha.

Beatriz era tan bella

como una violeta salvaje.

Ricardo la rescató del abismo,

y ella probó el champán

sangriento de los chismes,

Salía por la puerta de atrás

a las calles

de la aldea purulenta.

Sus hijos fueron el viento y la bruma,

y en el Irazú cantó

a los pájaros del amanecer.

Dama eterna, murió

en la noche sombría de Dante.

Olvidada,

los poetas cantaron su belleza

e inteligencia.

Hoy,

su espectro rojo

vaga por los prostíbulos.

 

Sin embargo, a pesar de historias como esta, la voluntad de Sáenz  es la voluntad del todo: Lo definido debe perecer para dar paso al elemento primordial e indefinido, con el fin de generar nuevos mundos. Y es que, solo en medio de este proceso, el poeta podrá degustar del licor rojo, de ese elixir de la vida y la muerte que hace girar la rueda de la existencia. Por tanto, al tomar esta bebida, el hombre se aproxima a la inmensa verdad del ser original, la cual, según los versos del poeta, pertenece a un orden justo, pero despiadado que obedece a las necesidades del cosmos. Pues, tal y como lo afirma Nietzche (1938), inspirado en uno de los presocráticos, “Nunca un ser que posee cualidades definidas podría ser el origen y el principio de las cosas. El ser verdadero, concluye Anaximandro, no puede poseer cualidades definidas, sin lo cual habría nacido y debería perecer como todas las demás cosas. Para que el devenir no se pare jamás, es necesario que el ser original sea indefinido” (p. 41).

En relación con esto y con la temática cosmogónico-escatológica, recordando un poco al filósofo Tales de Mileto, escribe Sáenz:

 

El viento todo lo arrastra,

arrastra el mundo y el UNIVERSO

hacia el poder creador.

Otros mundos serán colonizados

y un nuevo COMETA

hará del agua el primer hombre

(Fragmento del poema El último hombre)

 

De esta manera, el poeta exalta la transgresión de la naturaleza (que se atreve a generar y a destruir a su antojo) y reconoce en ella la palabra que desafía la norma y la inmutabilidad. Además, Guillermo Sáenz Patterson nos comunica, tal y como lo han hecho muchos otros, el secreto creacional, basándose en la similitud de los elementos que menciona. Su poesía afirma que, tanto los poderes naturales como la palabra transgresora, crean y moldean la realidad e, incluso, la ocultan. Lo anterior se confirma en los siguientes versos:

 

La naturaleza, en su potencia

sutil y terrible,

crea trampas.

La belleza única y poderosa

de una mujer

y un hombre

crea al niño:

Poeta del Universo.

La religión más perfecta

es la palabra transgresora

y maldita.

Su desgarramiento

de la vida hacia la muerte

hace girar

el eterno retorno.

 

(Fragmento del poema IV)

 

Por otro lado, la pluma de Sáenz evoca la nostalgia y estimula la curiosidad perversa, pero sobre todo, nos comunica la esperanza de la renovación, aún haciéndonos partícipes de un presente de corrupción y miseria. Sin embargo, el fatalismo es inminente. Sus versos apuntan al hado funesto, al caos que nos espera en el futuro; ese que gobierna al final de todas las eras y que se ofrece de manos de la Fortuna en un banquete abominable: la vida en los bajos mundos de la Costa Rica del siglo XXI; digno escenario de los ritos que, retando al tiempo, podrían convocar al alegre y cruento Baco de Eurípides, o al terrible dios Pan de Arthur Machen.   

Referencia Bibliográfica

Nietzsche, F. (1938) La naissance de la philosophie à l’époque de la tragédie grecque, trad. franc. Geneviève Bianquis. Paris: Gallimard

 


Sobre el autor

Guillermo Sáenz Patterson es poeta y ensayista. Desde 1972 se ha mantenido activo en el ámbito de las letras costarricenses creando obras que muchos han descrito como potentes, oscuras y atemporales. Entre sus poemarios destacan Laberinto de la estrella (1991) Paranoxia (2005) y Herida de mordiscos (2014).

Su poesía furiosa, llena de elementos simbolistas, filosóficos y decadentes, ha sido publicada tanto por editoriales nacionales, como por revistas, suplementos literarios y editoriales internacionales.

Guillermo Sáenz Paterson
Guillermo Sáenz Paterson

Nota: Este libro fue publicado por Guayaba Ediciones en el año 2017.

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