Perseo y otras microficciones de Rodolfo Lobo Molas, Catamarca, Argentina.

Perseo

Cuando Perseo mató a Medusa, se quedó con su mágica sangre: la que había brotado del lado izquierdo era maligna o mortal para quien la bebiera, en cambio la del lado derecho curaba y resucitaba.

Llegó el día en que Perseo murió y fue enterrado en el Olimpo, junto a los dos potes con la sangre de la Gorgona.

Siglos después Zeus, compadecido del joven, decidió depositar en su boca un poco de esa sangre para que resucitara, aunque había olvidado cual era cuál, así que las mezcló y las derramó en la boca de Perseo. Éste resucitó en un lugar desconocido, pero a la vez convertido en un ser maléfico, al que los habitantes del lugar llamaron Drácula.

Virginidades

El Oráculo de Delfos recibía cada vez más visitantes, razón que llevó a la Pitonisa a contratar personal para ordenar la creciente marea humana. Y como era costumbre eligieron vírgenes cuya pureza contribuiría a la credibilidad y seriedad del oráculo. Pero éstas, al conocer a tantos apuestos guerreros helénicos y deseosas de sus favores, reclamaron a Afrodita su infortunado destino. La Diosa trató de consolarlas anunciándole que en algunas centurias la virginidad dejaría de ser importante por lo que debían esperar tiempos futuros.

Y así es cómo Afrodita se convierte —por estos días— en meretriz para cumplirles la promesa a las reencarnadas vírgenes del Oráculo de Delfos.

El canto de las sirenas

Ulises no amaba a Penélope e inventaba viajes para alejarse de ella, aunque de tanto en tano volviera a Ítaca.

Aquella vez en que regresaba del castillo de Circe no necesitó taparse los oídos con cera, pues el canto de las sirenas jamás perturbaría su espíritu, ya que en ese entonces mantenía un apasionado romance con Penémacros, el más joven y apuesto marinero de su tripulación.

Travesuras

Cada vez que la arena estaba por caer por completo en el bulbo inferior, Carlomagno, feliz con su novedoso artefacto, daba vueltas el reloj para que no pasara el tiempo. Tantas veces lo hizo descuidadamente, que el reloj atrasó y atrasó hasta que se encontró niño en la casa de Pipino el Breve.

El toro de Minos

Cuando Pasífae dio a luz al Minotauro, Minos descubrió —ciego de celos— que el Toro le era infiel; entonces envió a la reina y a su monstruo al Laberinto para librarse de ellos y seguir –ya sin rival- su romance con el hermoso vacuno, perdonándole la vida por segunda vez.


Sobre el Autor

Rodolfo Lobo Molas, Catamarca, Argentina.

Poeta, Escritor, Piloto Comercial de Avión, Piloto de Planeador, Locutor, Periodista, miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Ha publicado el ensayo Catamarca, Ensueño y Leyenda a través de la Universidad Nacional de Catamarca y el libro de poesías Los pájaros de la lluvia. Participó de 14 antologías nacionales y 16 internacionales de microficción, poesía y narrativa y obtuvo diversas distinciones como Distinción al Mérito “San Fernando”, de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca, Distinción “Reconocimiento al aporte de las artes a nuestra comunidad” del Poder Legislativo de Catamarca, y premios nacionales e internacionales como 1º Premio Certamen Nacional de Sonetistas Bialet Massé, Córdoba, Argentina, y 1° Premio en el Primer Premio Literario Internacional Letras de Iberoamérica, poesía, de la Revista En Sentido Figurado, México. Su obra se ha publicado en Estados Unidos, Venezuela, Chile, Cuba, México, España, Perú y Argentina.

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