Un viaje hacia la totalidad. Apuntes sobre el relato “La palabra laberinto se dice de muchas maneras”

Por Victoria Marín


Estos apuntes buscan recomendar una buena lectura y atender (grosso modo) las disertaciones que nos ofrece el escritor costarricense Rafael Ángel Herra sobre la criatura fantástica de Creta, su palacio de tortura y el género humano. 

Recomiendo este relato a cualquier lector que guste del arte nutrido por la reflexión y la técnica, pero, en especial, a quienes estén dispuestos a dejar de ser condescendientes consigo mismos, abandonando las nociones idealistas y complacientes. Pues, la aventura del laberinto inicia con una prueba para el lector: la propuesta sobre el Ser que plantea la Metafísica de Aristóteles. Esta no es otra que la afirmación de la polisemia del verbo y su capacidad para articular múltiples significaciones en torno a lo uno, a semejanza de los laberintos multicursales. Solo si el viajero supera este preludio filosófico (o se siente atraído y dominado por el vértigo que produce la profundidad de la idea),  podrá introducirse en ese lugar tenebroso y atroz que es el interior del hombre. Allí se encontrará cara a cara con la corrupción gracias a la metáfora del hilo de Ariadna, elemento de urdimbre que se consume al igual que la presunción de lo enteramente civilizado y bueno.

“ […] Un hilo blanco se pudre en la humedad del laberinto

lo inhumano es humano.”

Por otro lado, con esta revelación de la voracidad del espacio (que es al mismo tiempo la persona y el monstruo), se pone fin a toda esperanza, pues el retorno del lugar sagrado es imposible. Debido a esto, el viajero debe abandonarse a la contemplación de la brutalidad e, incluso, de lo monstruoso del razonamiento. Es así como el don de la princesa cretense pasa de ser una guía para el héroe a un tormento constante que acompaña de principio a fin al Minotauro y al lector, criaturas de idéntica naturaleza que se encuentran una y otra vez con las mismas galerías de piedra: la soledad, el deseo insaciable, la torpeza, la brutalidad y la duda que surgen ante una liberación imposible.  De hecho, el autor afirma abiertamente que “ […] la suma de hombre y toro es igual a un hombre”.

Sin embargo, a pesar de que el genio primitivo confiere fuerza a nuestra naturaleza, este binomio difícilmente podría tener un resultado consistentemente armonioso, ya que, de acuerdo al relato y a la vida misma, hay lugares en el interior de cada hombre en donde la noche bulle y lucha por anteponerse, generando muerte y a veces vida. Recordemos que dentro del laberinto, como en el infierno, el tiempo, la vitalidad y los deseos son cíclicos. 

Sobre esta temática dice el maestro de Estagira (un personaje más del relato)

“Pero no ha muerto, no ha muerto, no ha muerto,

no ha muerto,

la fragancia de la carne fresca

lo reanima

da un mugido

resuella

cae sobre las vírgenes

cae sobre los efebos

y pone fin a un ciclo de horror

la víspera del día en que recomienza […]”

Finalmente, luego de conducirnos hasta la plenitud de la conducta sanguinaria del Minotauro (conducta que, según el autor, se ve reflejada en los imperios construidos por el hombre), impera el patetismo como un recurso que está íntimamente ligado al ser humano, a la vida y a sus frutos. Ya no se habla solamente del individuo legendario, sino de una identidad universal representada por medio del mito. Es así como, aprovechando este recurso, Herra retoma la tradición para señalar el fin natural que invoca la sangre: la muerte como una retribución de carácter fulminante, logrando ponernos cara a cara con la totalidad, a veces asfixiante, de nuestro ser efímero y bidimensional y, al mismo tiempo, obligándonos a ser conscientes de que difícilmente podremos escapar del laberinto con vida, de esa historia sanguinaria que se repite a lo largo de las eras y en la cual estamos más que inmersos. 

Nota: Este relato pertenece al libro El soñador del penúltimo sueño (San José, Ed. de la Universidad de Costa Rica).


Sobre el autor

Rafael Ángel Herra alterna entre el texto literario (novelas, cuentos, poesía) y el ensayo (la corporalidad, la violencia, el autoengaño, la estética del monstruo, etc). Tiene obras traducidas al alemán, italiano y francés. Se doctoró en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, Alemania, con una tesis sobre Edmund Husserl. También cursó estudios de filología clásica, literatura comparada y filología románica. Fue profesor huésped en las Universidades de Bamberg y Giessen de ese país. Es miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua y ha sido Catedrático de filosofía de la Universidad de Costa Rica, cuya Revista de Filosofía dirigió por más de dos décadas. Fue Embajador de Costa Rica en Alemania y en la UNESCO. Recientemente fue galardonado con el Premio Internazionale di Poesia Alfonso Gatto, 2019 (Salerno, Italia).

 

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