La relación entre la polis y el discurso filosófico de Occidente

La polis griega se conoce como la cuna del discurso filosófico de Occidente, pues su creación propicia el cambio ideológico necesario para dar paso al cuestionamiento, a la indagación y a la discusión de los conceptos.

Gracias a esta forma de organización política, el discurso filosófico finalmente puede aspirar a construir postulados, rectificar  ideas antiguas e innovar, porque el conocimiento y toda la producción ligada a él ya no dependen del visto bueno de una monarquía que se impone a causa de la voluntad divina. Ahora el hombre está listo para cuestionar el pensamiento mítico y las instituciones que se aprovechaban de este. Además, al no tener el monopolio y las restricciones que impondría un regente y la exclusividad de palacio, los ciudadanos pueden participar de la vida pública en el ágora, discutir, argumentar y “democratizar el conocimiento” (más que todo en un sentido ideal, pues existían las limitaciones de la esclavitud y de los habitantes inferiores en general) por medio de un lógos que se va desligando de lo sacro para situarse en el plano de lo profano y lo público, un lógos que puede ser divulgado y escrito.

Por otro lado, en la polis se desarrolló la noción de isonomia, una especie de igualdad entre los ciudadanos que motivó la reflexión sobre la dinámica de las partes del todo en términos de orden y simetría a partir de lo común: el arché. Esta es la raíz universal identificada como ápeiron en Anaximandro, la cual equivale al concepto de ágora (Mas, 2003).

Igualmente, podemos apreciar esta relación entre la polis y el discurso filosófico en la obra de Heráclito, quien vincula estos espacios por medio del lógos, la ley universal que rige tanto el ordenamiento del cosmos como los asuntos sociales y políticos (Mas, 2003). En otras palabras, El Oscuro de Éfeso pretendió ocupar el lugar de aleccionador en su entorno al mostrar el conocimiento a los hombres por medio un lógos perpetuo que regulaba todas las cosas; quizás movido por el afán de ordenar una realidad que para él se presentaba convulsa, pues la sociedad en la que vivió fue problemática en muchas áreas. Es por esto que su discurso tiene un alcance social, religioso y económico.

Con respecto a lo anterior, es oportuno hacer hincapié en lo siguiente:

El lógos: El lógos/fuego de Heráclito es el principio y fin de las cosas, aquello que regula y articula la multiplicidad en la naturaleza y en la convivencia humana. Desde el punto de vista político, vendría a ser la norma común que mantiene el orden y la justicia, la norma que trasciende lo individual para lograr el bienestar común.

La jerarquización: La jerarquización de Heráclito por medio del conocimiento es posible gracias a la caída de la monarquía. La jerarquización social debe darse por la posesión del conocimiento y no de la riqueza. Socialmente hablando, el lógos se convierte en el medio por el cual los ciudadanos obtienen el acceso a las decisiones dentro de un espacio público. En Heráclito, ese lógos es aquello que también posibilita la división y el equilibrio del colectivo en demos (aquellos que conocen y rechazan el antiguo vasallaje homérico al que la mayoría estaba sometida por la aristoi) y en polloí (los ignorantes), gracias al apropiamiento y la aceptación del nómos (concepto anhelado y ejecutado por el demos) que organiza la comunidad y regula la hybris del individuo.

Opinión religiosa: Heráclito critica las religiones de su tiempo, la pluralidad de los dioses y la inutilidad de los ritos que distan mucho del pensamiento sensato.

Estos aspectos sociales, políticos y religiosos pertenecientes a la postura del filósofo, forman parte de los muchos discursos que podrían ayudarnos a entender lo que ya había planteado Vernant en su libro Los orígenes del pensamiento griego:

“El sistema de la polis implica, ante todo, una extraordinaria preeminencia de la palabra, sobre todos los otros instrumentos del poder […] Al convertirse en elementos de una cultura común, los conocimientos, los valores, las técnicas mentales, son llevadas a la plaza pública y sometidos a crítica y controversia. No se los conserva ya, como garantías de poder, en el secreto de las tradiciones familiares; su publicación dará lugar a exégesis, a interpretaciones diversas, a contraposiciones, a debates apasionados. En adelante, la discusión, la argumentación, la polémica, pasan a ser las reglas del juego intelectual, así como del juego político”. (1992)

Bibliografía

Mas,S. (2003) Ethos y Polis. Una historia de la filosofía práctica en la Grecia clásica. Ediciones Istmo: Madrid.

Vernant, J. P. (1992). Los orígenes del pensamiento griego. Paidós: Barcelona.

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