Mitos de creación en el mundo antiguo

Por Yordan Arroyo Carvajal [1]

  1. Introducción 

En este documento se habla sobre los mitos en torno al origen del mundo, principalmente en la mitología griega. Por ende, a manera metodológica se examinan datos académicos referentes a los orígenes del cosmos, anterior al de los titanes y dioses olímpicos, genealogías anteriores al surgimiento de los primeros humanos.

  1. Los mitos cosmogónicos

Los mitos cosmogónicos son aquellos que, según las creencias, intentan explicar el origen del universo. Cuentan el surgimiento del cosmos, el mundo y el universo.

Al respecto, Ruíz (2011), menciona que los relatos cosmogónicos eran cantados por poetas o sabios del siglo XIII y VI a.C que decían haber despertado del sueño que los mantuvo consumidos durante una época oscura. Por ende, estos relatos surgen bajo la inspiración de musas, magos, teológos, etc, que tenían el afán de encontrar un pasado glorioso al de los humanos, como parte de un pensamiento presocrático. Además, según el mismo autor, este tipo de mitos son llamados también físicos, debido a que hablan sobre la naturaleza de las cosas.

Por otro lado, Ruíz (2011) detalla que todos los mitos de la creación, sean griegos o no, buscan establecer un orden en el mundo. Existe un enfrentamiento entre las fuerzas divinas y las primigenias. Por ejemplo, en la mitología griega están la Titanomaquia, Gigantomaquia o la Tifontomaquia, así como en la babilónica está el Himno de la creación o Enuma Elis.

A su vez, Ruíz (2011) indica que estudiosos apuntan que los primeros físicos jónicos incorporaron, reinterpretaron y le dieron continuidad a mitos que ya existían, con la idea de originar un relato de la creación que, según Vernant, referido por Ruíz (2011) es novedoso debido a la mezcla de lo físico con lo mítico.

Por otra parte, refiere Eliade (1988) que la cosmogonía justamente es un modelo para hacer algo animado o inanimado. Está cargada de elementos filosóficos-religiosos que explican un respectivo nacimiento.

Además, el mismo Eliade (1988) defiende que los mitos cosmogónicos son importantes en cualquier civilización, sin importar de quién procedan, porque justifican diversas acciones humanas. Por ejemplo, al vincular el mito de la cosmogonía con la vegetación o incluirlo en el campo de la agricultura se conoce que a través de la primavera llega un nuevo ciclo, es decir, el mundo se hace nuevo cada año. La primavera dura unos meses, desaparece, pero regresa con la llegada de la vegetación o nacimiento de un nuevo mundo.

Tocados estos puntos, ahora cabe referirse a lo que se considera el origen de todas las cosas: el caos.

  • El Caos

El principio que se considera más importante en estos relatos del origen del universo es el paso del cháos al kósmos, el cual mantiene un orden y una armonía. “No había originalmente una palabra que sugiriera alboroto o confusión; «Caos» adquirió este segundo significado más tarde” (Kerenyi, 1997, p.25). De esta idea primordial se debe entender que Caos será apreciado como un vacío que amerita un cambio y orden. Al caos se le es usualmente asociado con características acuáticas; lo oscuro, lo no comprendido, lo abismal. Al respecto, Hard (2008) dice:

Caos estaba identificado con el agua o el fuego primordiales —una idea apoyada por las falsas etimologías que derivaban su nombre de cheisthai, fluir, o de kaio, quemar— o se decía que significaba el espacio vacío que ha de haber para que las cosas puedan existir en un lugar (p.58).

Por su lado, Grimal (1989) señala:

Caos es la personificación del Vacío primordial, anterior a la creación, cuando el Orden no había sido impuesto aún a los elementos del Mundo. Engendró el Érebo y la Noche (Nix), luego el Día (Hémera) y el Éter. A veces, por el contrario, se le presenta como hijo del Tiempo (Crono), y hermano de Éter (pp. 85-86)

Ahora bien, dicho lo anterior, en relación al Caos, cabe indicar que con base en los argumentos presentados por Chirassi (2005), La Enciclopedia del Estudiante Larousse (2007) y Cardona (2011) la teoría más conocida actualmente sobre el origen del universo en la cultura griega es justamente la que presenta la Teogonía (S. VIII a.C) de Hesíodo, donde el Caos es el creador u originario del universo.

Por tanto, enseguida se abre un apartado para referirse a tal poema.

  1. La Teogonía de Hesíodo

Según Cardona (2011) Hesíodo da una clase de genealogías para explicar el mito olímpico de la creación. Sin embargo, menciona González (1980) que lastimosamente, el poeta de Beocia no es propenso al argumento y, por ende, se aferra a un método estructural que no pasa de dar un listado extenso de nombres que buscan explicar el origen de los dioses, lo cual les permitió en la modernidad a académicos como Graves o Grimal extender detalles teóricos al respecto

Por su lado, basado en lo dicho por Humbert (1981) en el preliminar de su libro, el universo fue creado por Hesíodo a partir de opuestos, tal como el dualismo entre el día y la noche, el frío y el calor; todos ellos posteriores al caos.

Hesíodo inicia su obra explicando que antes de la creación estaba Caos, aunque solo lo menciona. El poeta no se detiene a realizar una explicación al respecto, lo cual pudo ser intencional para dar a luz que el Caos es sinónimo de un vacío desordenado. Sobre ello Jünger, (2006) dice:

Caos está en vivo movimiento; a veces reposa con una calma inmóvil, a veces se revuelve con desenfrenada y furente agitación. Carece de orden y, a la vista, parece algo confuso, algo mezclado que no se puede distinguir ni ordenar. Aquello de lo que proceden todos los órdenes no puede estar en sí mismo ordenado. Caos no sólo es espacio, sino que también ocupa espacio y lo llena. Es espacio primigenio y oscuridad, y en un sentido estricto también es espacio subterráneo (p.6)

Mientras, por otro lado, para Vernant (1999) es:

Una inmensidad vacua, negra y oscura, en la que nada se veía. Una especie de caída, de vértigo, de confusión, sin fin, sin fondo. Era un vacío tan impresionante como una inmensa boca siempre abierta en la que todo quedara engullido en una misma noche indiferenciada. En el origen, pues, sólo existía el Caos, abismo ciego, oscuro, ilimitado (p.15).

Pero posterior a Caos comienzan nuevas existencias: Gea, Tártaro y Eros. En este caso Gea es considerada la de mayor relevancia. No obstante, Ruiz de Elvira (1982) explica que, tras Tártaro ser la parte más alejada y profunda, debe entenderse como lo más oscuro; está situado en el fondo de la tierra. El amor o Eros, en cambio, es un dios bello, debilita los miembros y avasalla sobre el alma; puede dominar tanto a dioses como a humanos. Es mencionado únicamente en su creación y en la de Afrodita.

Por su lado, Hard (2008) señala que comúnmente se asocia a las tres criaturas referidas como descendientes de Caos, lo cual no es referido por Hesíodo, ya que utiliza el verbo geneto “llegó a ser”. “Gea, Tártaro y Eros son realidades primordiales, como Caos, que llegaron a la existencia de manera independiente a este.” (Hard, 2008, p.54).

No obstante Vernant (1999) apoya la idea citada y dice que “La Tierra surgió del propio seno del Caos. Hela aquí, pues, nacida con posterioridad al Caos y representando, según cómo se mire, su antítesis” (p.15).

Por otra parte, Caos tiene hijos. Ellos son Érebo o tinieblas infernales y Noche, los cuales unidos crean a Éter y Día. Sin embargo, no se debe confundir a ´Éter con Urano, ya que, en ocasiones, debido a malas traducciones ambos son nombrados Cielo. Al respecto, Ruiz de Elvira (1982) dice que “(Éter y Día) divinidades poco personalizadas, casi meras abstracciones simbólicas; y así se distingue Éter ‘Cielo’ (propiamente la región más elevada, límpida y luminosa de la esfera celeste) del otro ‘Cielo’, Urano, que es fuertemente personal” (p.37).

En lo concerniente con Gea es la “Madre Universal”, “Gran Madre” o “Madre común”, debido a que, según Grimal (1981) es el elemento primordial del cual surgieron las razas divinas, el suelo del mundo, la base del cosmos y fuente de vida, ya que engendra y da alimento. Hesíodo (S. VIII a.C /1990) dice:

Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio (vv.126-132)

Además, de los versos 132 al 154 se detalla que Gea se une con ambos hijos y procrea dieciocho descendientes con Urano: seis Titanes y seis Titánides, tres Cíclopes y tres Hecatónquires; y cinco con Ponto: tres Póntidas y dos Póntides, los ancianos del mar.

Sobre Urano, Jünger (2006) comenta que es “hijo y esposo de Gea, es el primer soberano. Caos no funda una soberanía; tampoco Gea. Urano no es un titán, pues lo titánico en él surge sólo cuando se une a Gea” (p.8).

Mientras tanto de los versos 176 al 211 se cuenta que Cronos, quien sí es uno de los Titanes, decide ayudar a su madre a vengarse de Urano, quien retenía a sus hijos en el seno de Gea. La venganza ocurre por la noche y con la hoz que Gea confeccionó, Cronos logró cegarle los genitales a su padre; de donde brotó la sangre lo cual provocó el nacimiento de las Erinias, los Gigantes y las Ninfas Melias. No obstante, por los genitales mismos desechados al mar nace Afrodita.

Ocurrido lo anterior, Ruiz de Elvira (1982) indica que “su hijo Crono ocupa el poder supremo, la «dignidad regia entre los inmortales” (p.51). Mientras tanto, Jünger (2006) señala que Cronos resiente a su padre debido a la dureza del mismo al informar el devenir Titánico, por lo que, mantiene una ira que lo hace tragarse a sus hijos, pues desea que este suceder Titánico se mantenga.

Además, de los versos 444 al 488 se indica que Cronos tuvo por hijos a Hades, Poseidón, Hera, Hestia, Deméter y Zeus; todos devorados con excepción del último, pues Rea se las ingenió para salvar al dios tras entregarle al Titán una roca envuelta en paños y darle el niño a Gea para su cuido.

El ingenio de Gea hizo que Cronos vomitara a todos los hijos tragados junto con la piedra. Por su parte, Zeus liberó a los Cíclopes, quienes le regalaron el trueno y el rayo, y los Hecatónquires. Sobre ello Kerenyi (1997) detalla “Zeus fue capaz, después de su victoria sobre Kronos, de afir­mar su poder contra los turbulentos Hijos del Cielo” (p.31).

Acto seguido, cabe decir que, en un estudio preliminar a la obra Hesíodo referida, sus traductores, Pérez y Martínez (1990) argumentan:

Hesíodo se impone la tarea de convertir en entidades eternas todas las circunstancias pasajeras de esa vida y tal proceso de personificación sólo culmina cuando el fenómeno o potencia en cuestión recibe un nombre que le individualiza. Pero su objetivo no es sólo exponer, como poeta-profeta, su interpretación de esas realidades humanas, sino explicar, impresionado quizás por el estricto orden del Universo, la clave religiosa de esa armonía. (…) La clave del orden cósmico radica en el triunfo total del bien sobre el mal, de lo justo sobre lo injusto (p. 65)

En términos breves, Hesíodo a diferencia de Homero menciona el origen o pasado de las divinidades. No obstante, no es La Teogonía (S. VIII a.C) de Hesíodo en el mundo helénico la única obra que trata el tema de los orígenes.

  1. Otros mitos de la creación

Chirassi (2005), Graves (2009) y Cardona (2011) en los apartados dedicados a los mitos sobre los orígenes del universo detallan la existencia de mitos de la creación aparte del de Hesíodo. Destacan los mitos: pelasgo, órfico y el universal del huevo cosmogónico que según hipótesis de Eliade (1988) se originó en la India.

No obstante, para Hesíodo el principio de todo el universo estaba en el cosmos. Sin embargo, Eliade (1988) menciona que en de los polinesios estaba en el agua.

Aunque, curiosamente, Cohn (1995), Gadalla (1999) e incluso Cohn (1995) indican que, tanto en Egipto como en Mesopotamia, con énfasis en los sumerios, el principio de todo el universo estaba en un caos relacionado con el agua. Era un completo vacío donde fluían las fuerzas cósmicas que posteriormente darían origen al mundo de los dioses y luego al de los humanos.

Al respecto, dice Cohn (1995) que las versiones más destacadas del antiguo Egipto fueron las encontradas en los grandes centros religiosos de Heliópolis, Menfis y Hermópolis. Por lo cual menciona:

El mundo no había sido obra de un dios que había existido desde siempre; lo que había existido desde siempre era el caos. Con frecuencia, dicho caos se describe en términos negativos; no puede explicarse, no se asemeja a nada, es la negación del mundo presente […] Sin embargo, no imaginaban el caos como algo inmaterial sino como un océano sin límites que denominaban Nun (p.18).

Aunado a la cita anterior, Cohn (1995) detalla que en otra de las versiones que deambulaban en el folclore, llamada la primera ocasión, se dice que “un islote diminuto surgió de las aguas, la maravillosa colina de las edades primitivas” (p.18), como parte del reflejo de la crecida anual del Nilo, elemento sagrado que desde las posturas presentadas por Eliade (1988) se vincula con la regeneración o el surgimiento de un nuevo y mejor cosmos.

Inclusive, el mismo Eliade (1988), viaja en el tiempo más allá de Grecia Antigua para indicar que en la India, una pareja se solía comparar con elementos del cosmos “él dice yo soy el cielo y tú eres la tierra” (p.367). Existía una fuerte armonía con la naturaleza, a lo que se según Eliade (1988) se le consideraba “hieromanía” (p.367).

Pero bien, de manera más puntual, debe darse un espacio para hablar a detalle de los otros mitos cosmogónicos encontrados en Grecia aparte del de Hesíodo.

  • Mito cosmogónico del huevo

 Según Eliade (1988) sus bases primitivas tienen un fuerte simbolismo en la India y está asociado con la resurrección.

Indica también Eliade (1988) que el huevo marca el ciclo de la repetición cosmogónica y el origen del universo. Razón por la cual presenta un carácter dual. En diversas culturas se mantiene su simbolismo universal. Se festeja con el huevo para el día de los muertos o para celebrar año nuevo, como parte de ciclicidad que uno de los principios del mito cosmogónico. Inclusive, el mismo autor señala que en Beocia se encontraron unas estatuas de Dioniso con un huevo en la mano, lo cual representa su renacimiento.

  • Mito pelasgo

Menciona Graves (2009) que, para Pausanias, Pelasgo fue el primer hombre que continuó la cultura neolítica en Arcadia hasta la Época Clásica.

Más propiamente, sobre este mito pelasgo de la creación, Graves (2009) cuenta que “En el principio Eurínome, diosa de Todas las cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró una base sólida en la cual apoyar sus pies, así que separó el mar del cielo danzando sobre las olas” (p.35), la diosa danzó hasta encontrarse con Ofión y quedar embarazada. Luego tomó forma de paloma para luego poner el huevo universal, del cual Ofión se enroscó 7 veces hasta romperse y salir así “sus hijos, todo lo que existe: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la Tierra con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y todas las criaturas vivientes” (p.35).

Posteriormente, Ofión y Eurínome tuvieron su morada en la cima del Monte Olimpo. Sin embargo, Ofión quiso que creyeran que él era el creador del universo, así que, enojada Euríome, lo desterró a oscuras cavernas subterráneas. Después, al estar sola, la diosa creó las 7 potencias planetarias “poniendo cada una de ellas bajo el control de un titán y una titánide” (Graves, 2009, p.36).

Por último, nació Pelasgo, quien según Pausanias, citado por Graves (2009), sería el primer hombre pues “Surgió del suelo de Arcadia y fue seguido por varios otros a los que enseñó a construir cabañas, alimentarse de bellotas y hacer túnicas con piel de cerdo como las que siguen utilizando las gentes humildes de Eubea y Fócida” (p.36).

En este mito se aprecia, a diferencia del Hesiódico, el poderío de lo femenino, la presencia de una diosa que autoengendra como parte de la importancia de lo matrilineal en sus inicios, antes de pasar el poder femenino a un segundo plano, no por el cambio de un supuesto matriarcado a un patriarcado como lo desmiente García Gual, sino por asuntos históricos, donde tiene cabida el papel de la agricultura y la necesidad de la fuerza en los trabajos del campo que dieron acceso a distintos sincretismos.

  • Mito órfico de la creación

Con base en Graves (2009) este es una reinterpretación del propio mito del huevo cósmico (p. 41) referido en los recientes párrafos de arriba.

En el mito órfico de la creación, según Graves (2009) la noche de alas negras que según el Canto XVI de la Ilíada (S. VIII a.C) intimidaba rotundamente a Zeus, puso un huevo de plata en el vientre de la oscuridad. Por ende, de tal acto nació Eros, al que algunos llamaron Fanes.

No obstante, la noche era una trinidad: noche, orden y justicia. Téngase en cuenta que el 3 es bastante simbólico. Según Gadalla (1999) marca la línea o la conexión para la presencia de lo dual o los binomios.

Por su lado, debe decirse que Fanes creó la tierra, el cielo, el sol y la luna, pero la noche de alas negras gobernó siempre el universo hasta que este le fuera quitado por Urano.

Sin embargo, enseguida se presenta una taxonomía de los mitos cosmogónicos.

  1. Clasificación de los mitos cosmogónicos

Aunque se presenta la siguiente estructura, considérese que a los mitos cosmogónicos les pueden corresponder más de una de las siguientes clasificaciones:

  • Creación ex nihilo

Sucede a partir de la nada por un ser supremo; se dice que la creación ocurre de la nada, ya que, el ser supremo no necesita de objetos, ingredientes u otros seres para dar inicio a sus creaciones. Así lo argumenta Eliade (1980) “un ser supremo crea el mundo con el pensamiento, por la palabra” (p.95).

Por su parte, el mito más conocido actualmente donde sucede una creación del mundo a partir de la palabra de un ser supremo es en la religión cristiana, con el Génesis:

En el a principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba a desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Haya a luz, y hubo luz. Y vio Dios que la luz era a buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana el a día primero. (Génesis 1:5).

En la cita anterior, el Dios cristiano debe realizar una acción verbal o pensar sobre la creación para que esta ocurra.

  • Fabricación

A como lo indica su nombre, es cuando el mundo es confeccionado o producido por situaciones alternas a un ser.

Strathern (2014) señala que Pitágoras fue el primero en utilizar la palabra cosmos para atribuirla al mundo y explicar su perfecta armonía y concierto. Esta teoría sostiene que el origen del cosmos es racional y puede explicarse a partir de los números: Así lo defiende Laercio (1792):

El principio de todas las cosas es la unidad, y que de ésta procede la dualidad, que es indefinida y depende, como materia, de la unidad que la causa. Así, la numeración proviene de la unidad y de la dualidad indefinida. De los números provienen los puntos; de éstos, las líneas; de las líneas, las figuras planas; de las figuras planas, las sólidas, y de éstas, los cuerpos sólidos, de los cuales constan los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, que trascienden y giran por todas las cosas, y de ellos se engendra el mundo anima- do, intelectual, esférico, que abraza en medio a la tierra, también esférica y habitada en todo su rededor (libro VIII, 15)

Esta cosmogonía considera que todo, en esencia, es numérico. Reconoce a los números con propiedades femeninas y masculinas, pares e impares, con tal de explicar los principios de la matemática, y, por consiguiente, el mundo.  Incluso, cabe decir que según González (1980) fue a través de los pitagóricos que las ideas de los órficos trascendieron o se dieron a conocer de manera más amplia, tras la difusión de diversos documentos que quedaron en manos de pitagóricos.

Existen relaciones entre órficos y pitagóricos, aunque no puede decirse que los órficos influyeron en Hesíodo, ya que cada relato presenta sus diferencias, por ejemplo, González (1980) expone:

Como elementos diferentes entre el relato de Hesíodo y el de los órficos tenemos: 1. el punto de partida: Cronos para los órficos. Caos para Hesíodo. 2. el huevo-cósmico en los órficos que no se encuentra en Hesíodo. 3. Eros-Fanes como elemento generador fundamental, usado solo entre los órficos (p.19).

  • División

Se refiere al origen mediante la separación. A esta taxonomía se refiere Eliade (1980):

Creación mediante el recurso de dividir en dos una unidad primordial [pueden distinguirse en este caso tres variantes: a) separación del cielo y la tierra, es decir, de los progenitores del mundo; b) separación de una masa amorfa original, el «caos»; c) la división en dos de un huevo cosmogónico] (p.95).

Paralelo a la cita anterior Hard (2008) describe:

Cuando ocurre una separación, la más común entre las religiones es la de cielo y tierra. Dado que el cielo se alza sobre la tierra, en muchos mitos de diferentes culturas se sugiere que la Tierra y el Cielo, como la primera pareja o al menos la primera pareja primordial, han debido ser separados en algún momento muy temprano de la historia del mundo (p.67).

En comentario con las citas, Hard (2008) menciona que, al ocurrir la separación, los elementos que se crean a partir de ella predominarían entre los nuevos lugares o seres creados: “el éter ígneo en la bóveda del cielo, el aire por debajo de esta, y la tierra en el nivel más bajo de todos, rodeada por las aguas del mar” (p.58)

Por su parte, Eliade (1980) también indica que el origen del mundo puede darse con el desmembramiento de un ser primordial o un monstruo. La separación entre cielo y tierra más conocida hoy de los helenos es la de Hesíodo, pues Urano, representante de las bóvedas celestes, reposa sobre Gea, Madre Tierra, y, ella solicita la ayuda de Cronos, su hijo. “El tiempo participa de esta separación; por medio de la unión de Urano y Gea se funda una nueva edad” (Jünger, 2006, p.10)

En esta separación comentada por Hesíodo también está el origen por desmembramiento porque después de cortar los genitales de su padre con la hoz, Cronos los arroja al mar. Por consecuente, de la sangre y los mismos genitales surgieron nuevas creaturas.  Así lo cuenta Hesíodo (S. VIII a.C /1990):

Cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las poderosas Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en su mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto a los genitales, desde el preciso instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso ponto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella. (v.184-192)

En cuanto al mito cosmogónico griego por división que presenta al huevo cósmico, se puede mencionar el mito pelasgo de la creación, aún cuando del mito prehelénico no sobrevivieron extensos fragmentos.

Graves (2009) dice al respecto que Eurínome, deidad de todas las cosas, surgió del Caos, y al no encontrar una base sólida para apoyarse, separó al mar del cielo para danzar sobre las olas. Bailó hacia el sur, atrapó y frotó con sus manos a los vientos del norte, Bóreas, de quienes surgió Ofión, la gran serpiente que se enroscó a Eurínome para copularla. Después, ella tomó la forma de una paloma y arraigada en las olas puso el huevo universal.

Tolo lo anterior, pero dicho textualmente en palabras de Graves (2009) se conoce de la siguiente manera:

A petición suya Ofión se enroscó siete veces en este huevo hasta que rompió y se dividió en dos mitades. De él salieron sus hijos, todo lo que existe: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la Tierra con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y todas las criaturas vivientes (p.38).

  • Procreación

 Es el origen del mundo a partir de dos elementos; aunque en ocasiones se da por medio de uno. Se refiere nuevamente la Teogonía (S. VIII a.C) de Hesíodo para ejemplificar esta taxonomía de los mitos cosmogónicos, debido a que es la más conocida y sencilla entre las cosmogonías griegas.

En Hesíodo existe procreación desde la pareja primordial, Gea y Uranos. De igual forma, en su poema está presente el origen a partir de Gea: “También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, (…) igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio” (vv. 128-132).

Por otro lado, para Hard (2008), Caos es conocido también por autoprocrear: “Caos engendra un hijo y una hija por sus propios medios: Erebo y la negra Noche (Nyx en griego)” (p.55).

  1. Sobre otros autores

Tal y como se indicó, aparte de Hesíodo, el tema del origen del mundo ha sido contantemente tratado por diversos poetas y en diversos casos. Solo por mencionar algunos otros casos se presenta la siguiente lista con 3 poetas:

  • Higinio

Para Higinio (2009) la Tiniebla u Oscuridad está antes de Caos. De la unión de ambos surge la Noche, el Día, el ´Erebo y el ´Éter.

  • Apolodoro

Para Apolodoro (1985) en sus libros 1y2 sobre Teogonía, Urano es el primero en dominar todo el universo. Urano se unió a Gea y crearon a los Hecatonquires y a los Cíclopes. Como se aprecia, el poema inicia directamente con la generación de los dioses.

  • Homero

Señala Graves (2014) que Homero sostenía la teoría de que los dioses y todas las criaturas se originaron en las corrientes de Océano y que Tetis fue la madre de todos los hijos.

  1. Conclusiones

A modo de cierre, para Eliade (1988) en toda cosmogonía existe 3 elementos claves. Primero, un acontecimiento ejemplar, el cual es el mito como tal como idea del renacimiento o paso a algo nuevo. Luego, el signo, que en el caso de la agricultura sería un elemento de la naturaleza. Por último, el rito que da paso a la repetición de la idea perfecta: la ciclicidad, los nuevos nacimientos en el universo, ya que como se dijo anteriormente, en el cosmos está todo lo que rodea al hombre: lo animado y lo inanimado.

Razón por la que según Eliade (1988) puede considerarse que “todo mito es cosmogónico al dar paso a una nueva situación” (p.372), por tanto, “se puede hablar de variantes rituales del mito cosmogónico” (Eliade, 1988, p.372), entre ellas las diferentes versiones sobre la procedencia de los distintos dioses, ya que ha quedado claro que aunque la de Hesíodo sea la principal, no es la única, e incluso, quizás existían muchas versiones más que se perdieron con el tiempo.

Además, dada la importancia de lo cíclico en los mitos cosmogónicos, se explica por qué Chirassi (2005) refiere que ni los mismos dioses griegos podían salvarse del destino, ya que lo más importante era lo cíclico. El morir para renacer según Cohn (1995), está sumamente marcado en los egipcios porque “en ningún otro lugar estaba la percepción del cosmos y de lo que amenazaba tan desarrollada como en Egipto” (p.16).

Para Cohn (1995) en el cosmos estaba el poder de todo como un producto desequilibrante, lo bueno no siempre podía ser bueno, debía tener lo dual al lado, es decir lo malo, el caos como principio de todo.

Regularmente, los orígenes de las ideas presentadas se encuentran en medio Oriente, sitio donde según Chirassi (2005) tuvo mucho influjo la religión griega. Razón por la que, dado que el caos y lo regenerador era lo más importante en estas ideologías cósmicas, los dioses egipcios en palabras de Cohn (1995) tenían un fuerte parentesco con los humanos, razón por la que, en estas épocas o civilizaciones era muy común escuchar mitos donde un dios moría para volver a nacer, tal y como sucede con la escultura referida, párrafos arriba, sobre Dioniso con un huevo en la mano, enfocada en la regeneración del Dios.

Así que, debe quedar claro que existe muchos mitos de la creación, aunque todos tienen sus variantes debido a ciertos elementos que se integran según épocas históricas, tal como acontece con el órfico que según Graves (2009), es otra versión del mito del huevo cósmico, pero con influencias de una doctrina posterior como el amor y de teorías morales sobre lo adecuado entre los sexos.

Incluso, detalla Graves (2009) que el huevo plateado representa la luna y al ser esta cíclica, marca los cambios, lo dual, así como también acontece con las 4 cabezas de Fanes que simbolizan las 4 estaciones del año y además permite que Fanes se compare con el sol, considerado por los órficos como la iluminación. Él iluminaba debido a que su simbología era cíclica.

Lo cíclico es lo que da luz, lo cual es algo que se ha hablado con constancia en este documento, dada la gran relevancia en las civilizaciones antiguas como la griega y máxima la egipcia como antecesora y de gran contacto cultural con pueblos mesopotámicos. Todos ellos que se fueron sincretizando con el paso de los siglos.

En fin, como últimas palabras deben citarse las siguientes ideas, pues brindan una explicación detallada de básicamente todo lo defendido en este ensayo:

Las teogonías y las cosmogonías griegas comprenden, como las cosmogonías que les han sucedido, relatos de génesis que explican la aparición progresiva de un mundo ordenado.  Pero son, también, y, ante todo, otra cosa: mitos de soberanía. Exaltan el poder de un dios que reina sobre todo el universo; hablan de su nacimiento, sus luchas, su triunfo. En todos los dominios natural, social y ritual- el orden es el producto de esa victoria del dios soberano. Si el mundo ya no está librado a la inestabilidad y a la confusión, es porque al término de los combates que el dios ha tenido que sostener contra rivales y monstruos, su supremacía aparece definitivamente asegurada, sin que nada pueda en adelante ponerla en cuestión. (Vernant. 1992, p.121)

En sí, la lucha por el poder, enfrentamientos entre el bien y el mal, han sido constantes en las distintas civilizaciones antiguas, lo cual representa muy bien los mitos de la creación y que incluso, según Jaén (2017) se transmitió de manera ejemplar en el mundo de la pintura a través del fresco de Giorgio Vasari sobre el mito de la castración de Urano mostrado enseguida:

Sin título

Referencias Bibliográficas

Apolodoro (1985). Biblioteca Mitológica (Margarita Rodríguez de Sepúlveda, trad.). Madrid: Gredos.

Cardona, F (2011). Mitología griega. Barcelona: Brontes.

Cohn, N (1995). El cosmos, el caos y el mundo venidero.  Barcelona: CRÍTICA.

Chirassi Colombo, I (2005). La religión griega. Dioses, héroes, ritos y misterios. Madrid: Alianza.

Eliade, M. (1980). Historia de las creencias y de las ideas religiosas IV. Madrid: Ediciones Cristianidad.

Eliade, M (1988). Tratado de Historia de las Religiones. México D.F: ERA.

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[1] Estudiante de Posgrados en el área de Filología, Lingüística y Literatura de la Universidad de Costa Rica.

Premio Mundial a la Excelencia Cultural, 2019.

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