Héroe con bufanda

Luego de matar al Minotauro, Teseo no pudo encontrar la salida del laberinto. Llegar al centro fue fácil, la propia bestia con sus gemidos guiaba a su asesino, pero la salida se presentó como un acertijo imposible de resolver. Teseo no acertaba el camino correcto. De noche se le complicó. No veía nada, de modo que se chocaba contra todas las paredes. Ingenuamente, a veces lo hacía a propósito. Tomaba carrera y trataba de empujarlas, pues pensaba que así podría derribarlas. Al final, se dio por vencido e hizo lo que había tratado de evitar: empezó a gritar pidiendo auxilio. Ariadna, que se encontraba a la entrada del laberinto —para él, la salida—, lo llamaba. La voz de la mujer que lo amaba fue su lazarillo. Al salir, Ariadna se lamentó por cómo se encontraba: su cuerpo estaba cubierto de moretones y chichones. Para disimularlos, le puso la bufanda que tejió mientras él se internaba en el laberinto para matar al medio hermano de ella. Al principio, Teseo se negó a ponerse la bufanda —Alíprites de Salónica, en Odas al pequeño Calipio, afirma que cerca de unos de los extremos, Ariadna había hecho un simpático perrito celeste—, pero accedió ante la vergüenza de ser visto con tales marcas, testimonio de su falta de pericia. ¿Quién vio alguna vez un héroe con moretones y chichones? Ariadna lo ayudó más al decirle que inventarían la historia del ovillo mágico, historia que también le aseguraría a ella que su nombre sería inmortal.

Pero a Ariadna le gustó tanto cómo le quedaba la bufanda que siguió tejiéndole otras. Para desgracia de Teseo, ella no hacía como Penélope, la otra tejedora famosa. Ariadna las terminaba y no las deshacía; de inmediato pasaba a tejer otra.

Teseo siempre debía ponérselas, por temor a que ella contase la verdad de lo sucedido en el laberinto. Alíprites sólo dice que todas tenían animales de colores cerca de una de sus puntas, pero el ínclito historiador y poeta —imagino que por descuido— no detalló cuáles eran, ni de qué color, esos singulares animalitos.

Esta habría sido la verdadera razón por la cual luego Teseo abandonó a Ariadna en la isla de Naxos. Harto de que Aquiles, Héctor, Paris, Ulises y otros héroes lo vieran con tan particulares bufandas y se burlaran de él, y con la esperanza de desterrar de su corazón el temor a que la mujer hablara y contara la verdad, un día le dijo que irían a pasear, y la abandonó en semejante lugar, pensando que nunca nadie la encontraría.

Ariadna se entristeció, pero como todo el mundo sabe, al tiempo fue rescatada por Dioniso, con quien se casó. A partir de entonces, el dios y los cuatro hijos de la pareja se paseaban por el Olimpo con sendas bufandas con animalitos tejidos. Les gustaban tanto que incluso las usaban cuando hacía calor. Ariadna estaba muy feliz.

 


Sobre el autor.

Claudio Mamud. Escritor argentino nacido en 1965. Desde 1996 dicta clases de apreciación musical de música clásica y ópera. En 2017 presentó su primer libro de ficción: Sólo para ella y otros cuentos.

Varios de sus cuentos recibieron distinciones en su país y en el exterior. Sus cuentos y microcuentos han sido narrados por diversos narradores en espectáculos. En 2019 presentó su segundo libro de cuentos, Eterna Clarisa.

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