Colaboración con revista Agulha (Brasil) – Reseñas

A continuación, presentamos una selección de reseñas curadas por Floriano Martins, poeta, ensayista, traductor, editor, artista plástico y director de la revista Agulha.

Esta colaboración pretende contribuir a fortalecer los lazos culturales y literarios en América Latina, fomentando un diálogo enriquecedor y promoviendo el intercambio de ideas.

Epílogo de Rodrigo Verdugo al libro Los extraviados de Claudia Vila Molina

Rodrigo Verdugo

Claudia Vila Molina

Los extraviados

Chile: Espacio Sol Ediciones, 2023

Sin abandonar la intimidad minimalista, y desde la intermitencia de un ángulo biunívoco, la escritura poética de Claudia Vila se desarrolla en esta tercera obra Los Extraviados, continuando con varios procedimientos que están presentes en sus dos obras anteriores, la discontinuidad de las imágenes, y la ubicuidad del sujeto en el espacio, procedimientos que conforman sustancialmente aspectos técnicos de la poesía vanguardista.

En Los Extraviados, la escritura poética activa la interioridad que la determina, la mirada busca refundar distintos planos de la realidad, y habitar distintas dimensiones de profundidad, desde la perspectiva del que ve y del que ha visto, tomando muchas veces la superficie un sentido profundo a manera del escorzo. Si bien, en Los Extraviados, se confrontan memoria y transmemoria, para esta hablante –testigo se dan experiencias sin tiempo, que la transforman en una hablante eclosionada que se asume como testigo de su origen y de su disolución, y que a través de sobre– impresiones indaga, pregunta, escruta, todo lo que acontece tanto en la segunda vida virtual de la superficie, como en la profundidad temporal que intenta des/temporalizar a través de su transmemoria:

Ahora que estamos en otro sitio

ahora que los caminos se divisan

abro mi cuerpo y dejo salir a la noche

desde allí múltiples seres emergen

ya lo había olvidado

soy un transeúnte que recuerda cosas

y me paro en la colina más alta a observar.

Esta testigo de su propio extravío y el extravío de quienes ya no habitan en sí mismos, sino en la manera del reflejo, en memorias ajenas, entendiendo siempre el reflejo como la forma más sensible de existencia virtual de una cosa en otra, o sujetos como ley profunda a su devenir vegetal o animal en que seguirán igualmente extraviados, alude al amor en su condición fantasmagórica, por tanto ni siquiera la instancia amorosa es una clave para superar este extravío, presente tanto en la memoria como en esa transmemoria que se alegoriza como bosque o como aquella casa en la colina. Pero esta mirada que se extravía en planos y dimensiones, que establece una enigmática semejanza entre la oscuridad de la memoria y la oscuridad misma, buscando atestiguar lo que resta de esa plenitud de algo que no ha existido antes y que puede desaparecer después, apela a lo simbólico como único recurso:

un símbolo es el único plano

que abarca lo inconcebible.

Como reiterábamos al comienzo, esta tercera obra de la poeta Claudia Vila viene a continuar la búsqueda ya planteada desde su primera publicación, y a su vez confirmar su afincamiento en la línea de la poética surrealista. Su lectura nos corrobora que la imagen es y seguirá siendo una síntesis de la imaginación.


Sobre el autor

RODRIGO VERDUGO (Chile, 1977). Ex secretario del Pen Chile y ex Miembro del Grupo Surrealista Derrame. Textos suyos han sido publicados en revistas y antologías nacionales y extranjeras, siendo traducidos parcialmente al: inglés, francés, italiano, portugués, polaco, árabe, uzbeko, rumano, búlgaro, catalán, holandés, albanés, griego, chino, ruso y bielorruso. Ha participado en exposiciones colectivas en: España, Portugal, República Checa, Costa Rica y Egipto. En 2016, junto a los poetas Felipe García Quintero y Guillermo Martínez, formó parte del jurado del II Premio Nacional de Poesía “Festival de Poesía de Medellín”, Medellín, Colombia.

Es autor de:
Nudos Velados.
Ediciones Derrame. Prólogo de Roberto Yáñez e Ilustraciones de Aldo Alcota. Santiago de Chile, 2002.
Ventanas quebradas.
Olga Cartonera. Prólogo de Lorenzo Peirano. Santiago de Chile. 2014,
Anuncio.
Rumbos Editores. Postfacio de Cristian Montes Capo. Santiago de Chile. 2017. “3 Anuncios, 3 Anonnces”, plaquette traducción de Denisse Peyroche y Pedro Vianna, Ilustración de Singwan Chong Li, Mago Editores, Cuadernos Casa Bermeja en coedición con Ediciones Hespérides (Argentina) y Academia Hispanoamericana de Buenas Letras, (España).

En 2024 la Editorial Perras Palabras publicará su tercer libro:
Herencia del insomne.


La poesía de Elvira Alejandra Quintero

David Cortés Cabán

Elvira Alejandra Quintero

Devenir de la ausencia – Obra poética reunida, 1982-2022

Editorial Vinciguerra, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2022.

No existen fronteras para la poesía de Elvira Alejandra Quintero, quiere abarcarlo todo, quiere andar todos los caminos y sumergirse en lo que suscita en ella una profunda emoción, y escribe con rigor y pasión. Por eso su cosmovisión poética crece según su experiencia y conocimiento de la vida. Ha hecho de la poesía la casa donde confluyen las imágenes de su visión de mundo, es decir, de ese mundo que ha creado con un estilo muy personal y llamativo. Su obra está impregnada de evocaciones, de desgarramientos e impresiones que recogen el ambiente rural y urbano de su amada Cali, y de esa otra dimensión humana que trasciende las fronteras de su país. Es la suya una poesía que se proyecta como formando un arco luminoso para trazar las estaciones del amor y el desamor, y de memorias que van surgiendo como oleajes relampagueantes para fortalecer el paisaje de su escritura. Al trazar los rasgos estéticos y el trasfondo peculiar de los libros que componen esta antología, el poeta y crítico argentino Guillermo Eduardo Pilía nos dice:

La voz poética de Elvira Alejandra Quintero es personal e inconfundible. Es fácil reconocerla por esa singularidad entre cientos y cientos de voces con las que habla la poesía hispanoamericana de hoy. Profunda, lenta, grave, oblicua por momentos y con frecuencia llana, con sutiles pinceladas de desparpajo, de dulzura, de femineidad, de erotismo. Toda ella se desenvuelve en una atmósfera de temporalidad, casi siempre en geografías de ensueño, que intensifican su carácter universal. [1]

Los comentarios que el poeta Guillermo E. Pilía ha vertido en el prólogo aclaran los motivos que unifican esta importante obra y sirven de guía para que los lectores vean cómo fueron concebidos estos textos a través del tiempo. Entre los temas señalados por el poeta argentino el del amor se proyecta fundido en una perspectiva existencialista de la vida. Lo cual es muy cierto, pero el amor es también la experiencia gratificadora y las preocupaciones de una poeta que no tiene reparos en señalarnos las luces y sombras que surgen del amor para desembocar en la orilla de un mundo complejo y doloroso. Lejos de todo hermetismo, y con la pasión que la caracteriza, la poeta Elvira Alejandra Quintero ve el amor no solo como un cuerpo amenazado, sino como una vivencia presente en la continuidad del tiempo. Por eso el amor será siempre un sentimiento profundo que no puede ser reemplazado por otro asunto, ni podría ser borrado de las experiencias más gratas o dolorosas de la vida. En este sentido el tema amoroso ilustrará su latente realidad según su rumbo y destino, abordando así las referencias del pasado. Ninguna otra realidad podría desplazarlo. Vemos aquí no solo la imaginación que lo reclama, sino también el recuerdo que corona su manifestación. Naturalmente, la autora de estos textos sabe navegar su dimensión humana libre de todo convencionalismo social. Exploremos aquí la imagen del amor evocada en tres distintos tiempos poéticos:

15

Debo dar por terminado este libro para dárselo a mi

amor. He querido poner en él los nombres de las cosas

que amo. También mis terrores. He querido ponerme yo misma.

El lenguaje sin embargo no se pone de mi lado. No existe.

Hay palabras que no he podido inventar.

Y son precisamente las de ciertas mezclas de motivos

contrarios socavando cualquier anhelo de coherencia.

Precisamente ese es el punto.

El de la necesidad de ser, por ejemplo, lluvia y nada más.

Llovizna o Tormenta donde la esencia primordial de

lluvia sigue siendo, sin permitir jamás la perdición de su ser.

Con este poema la poeta concluye el libro La noche en el borrador (1998). En realidad, el texto forma parte de un poema más extenso que comienza en la página 82 y cuyo título, “Promesa”, es un indicador del tema que contiene. La franqueza del lenguaje llama directamente la atención pues la realidad es más complicada de lo que parece. El poema mismo es un camino que emprendemos sin conocer el desenlace final. Al comienzo de la lectura, el imperativo del verbo deber apunta a una realidad de evocaciones que nacen de una voluntad contemplativa del amor. La lluviaevocará la imagen de la protagonista y el destino que pone a prueba las inquietudes del corazón. En esta visión la poeta ha querido enfatizar el sentido del amor como un motivo esencial del libro La noche en el borrador, y la experiencia de la vida contemplada a la altura del tiempo. El camino recorrido motiva a reflexionar sobre las cosas amadas: “Los nombres de las cosas que amo son los nombres de las cosas que anhelo”, subraya en este verso. Sin embargo, a veces no es posible obtener aquello que se anhela. Y lo que desea el amor nunca es suficiente para comprender lo que sugiere el lenguaje encantatorio de la lluvia. Las ilusiones también tienen un punto final y hay cosas que no pueden ser recuperadas como dice el verso, “Precisamente ese es el punto”. El sentido figurado de ese “punto” nos recuerda que el amor ya no tiene razón ser. Lo que acontece ahora en el corazónestá asociado a la nostalgia de la lluvia.El caer de la lluvia y la tormenta son manifestaciones de la naturaleza que comunican un estado de ánimo. La impresión de la lluvia es como el sentido de la vida que manifiesta el siguiente verso: “El de la necesidad de ser, por ejemplo, lluvia y nada más. / Llovizna o Tormenta donde la esencia primordial de / lluvia sigue siendo, sin permitir jamás la perdición de su ser”. En efecto, este contemplarse en la imagen de la lluvia sostiene la visión de esa experiencia amorosa en el tiempo.

XXII. DESDICHA

El amor es una turbia experiencia donde otra vez al fuego se

ponen a arder los recuerdos

reinventando toda la historia y preguntando por enésima

vez cómo pasó, qué quedó de la primera, de la segunda, de

la tercera infancia.

Su alma de nube llena la soledad de nuestra habitación.

Su respiración agitada conmueve nuestras fibras más hondas.

Su incapacidad de dar respuestas nos saca de quicio.

El amor tímido y misterioso,

el amor con sus ojos de niño inquieto, caprichoso, travieso,

caminando las tardes y las noches donde una alondra vuela

soñando la huida.

El amor errante.

El amor incompleto, encandilado, absorto en su propia locura.

Yo lo llamo hierba del atardecer, brillo de nube.

Pero su amor se acobarda ante mis propuestas de abrazo, y

me mira aterrado bajo su sonrojo.

Yo lo llamo niño perverso poseído de inocencia frente al

bosque de mi cabello

allí en el lecho

allí en el fondo de la noche

cuando las pesadillas asoman sus figuras a los andenes del

insomnio.

De manera progresiva, tres visiones del amor se funden en el texto aquí transcrito: la que abarca los cuatro primeros versos, la que va del verso quinto al verso octavo y la que trasmiten los tres últimos versos. Lo que expreso aquí en mi lectura no tiene la intención de influenciar a otros lectores. Entiendo que un poema no siempre comunica la misma impresión. El poema nos invita a su morada si estamos dispuestos a entrar y mirar su interior. Aquí el lenguaje responde a la manifestación de los sentimientos amorosos. Queremos comprender esa experiencia amorosa que nos vincula con la protagonista. Queremos ir a su encuentro, queremos ver qué sobrevive de ese mundo. Queremos comprender cómo sale triunfante del amor cuando lo que acontece solo permite abandonarse a la soledad y a los recuerdos: “El amor es una turbia experiencia donde otra vez al fuego se / ponen a arder los recuerdos…”, dice en este verso. Los recuerdos no siempre son gratos. A veces regresan acompañados de nostalgia y silencio; llegan y levantan su propia voz, expresan lo que aún se proyecta del pasado. Y es que el amor conforta la vida, pero cuando se marcha deja un sentimiento distinto. Entonces, para sobrevivir, la memoria revive los recuerdos más felices, los más caprichosos o nostálgicos. Esta realidad es la que muestra el poema. Sin embargo, aunque las experiencias descritas sean distintas a las nuestras comprendemos que al fondo de las complicaciones amorosas también hay otro sentido de la vida y otras maneras de entender el amor. Reconocemos que, si al principio el amor era un recuerdo doloroso, luego adquirirá otro matiz y se convertirá en un “amor errante…absorto en su propia locura”. El final será entonces diferente: “hierba del atardecer”, “brillo de nube”, “amor cobarde que mira aterrado”, “niño perverso poseído de inocencia”. En esta sucesión de imágenes amar parece ser una experiencia interminable, y aunque lleno de imperfecciones, nadie podrá desplazar al amor.

NAUFRAGIOS

Lago Titicaca, Bolivia

Todos mis amores son naufragios

de barcos que en la plenitud alegre de la luz

hundieron sus ansias

y enloquecieron sus brújulas envenenándose de olvido.

Todo lo dejé atrás

pero como la sal de la estatua que hurga en el recuerdo

y espera del camino un rellano para su sosiego

y del peregrino una sonrisa de complicidad.

Soy la que buscas en el camino errado

en la taberna cerrada

en la calle oscura.

Soy la que se aparece en el vuelo de tu sueño

y no huye

y entonces le temes.

Pero deseas el terror de mi mirada cuando me cantas tus

canciones

y la ternura que anida en mi palabra

y socava la paz de tu escritura.

La estructura de este poema podría ser considerada del modo siguiente: los dos primeros versos presentan el primer escenario; el tercero y el cuarto otro, y el último verso el final. Se proyectan así tres movimientos y perspectivas del amor. La autora lo ilustra con imágenes que le confieren la idea de un barco extraviado cuyas brújulas (corazones) se han detenido. Lo amoroso y profundo ha quedado atrás. La posibilidad del reencuentro se esfuma en la “estatua que hurga en el recuerdo”. Los amores náufragos, los barcos, las brújulas y la estatua de sal se han sumergido en el tiempo. No obstante, el yo lírico repasa su inmediata realidad y halla en la poesía una forma de enfrentar la realidad. En la poesía de Elvira Alejandra Quintero el hablante poético posee una gran fortaleza. Por eso el yo se yergue para decirnos que el amor es dolor y libertad. En otras palabras, vivir es también dejarse ir en el paisaje cotidiano de los sueños: “Soy la que buscas en el camino…. / Soy la que se aparece en vuelo de tu sueño / y no huye / y entonces le temes”. ¿No es esto acaso lo que se siente al contacto del amor? ¿Qué queda del amor en la ternura de las palabras para que regrese y vuelva a empezar? Y es que para Elvira Alejandra Quintero la vida transcurre al mismo tiempo que su yo se reconoce inaccesible, más allá de las rutinas cotidianas y las crisis del amor. Conoce, sin embargo, que entre el amor y el desamor no hay mucha distancia, tampoco entre la dicha y el dolor. De ahí que la imagen de los amores náufragos trascienda la voluntad amorosa del yo para exaltar su total libertad, para enfatizar no la pérdida sino la determinación de seguir adelante mirando desafiante los caminos del amor y la vida.

NOTA

1. Guillermo Eduardo Pilía, “Lo que deviene en ausencia; Aproximación a la poesía reunida de Elvira Alejandra Quintero”, en Devenir de la ausencia: Obra poética reunida 1982-2022, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Vinciguerra, 2022.


Sobre el autor y la autora

DAVID CORTÉS CABÁN (Puerto Rico, 1952). Posee una Maestría en Literatura Española e Hispanoamericana de City College (CUNY). Hizo también estudios en The Graduate School and University Center of the City University of New York. Fue maestro en las Escuelas Públicas de Nueva York y profesor adjunto del Departamento de Lenguas Modernas de Hostos Community College of the City University of New York. Ha publicado los libros de poesía: Poemas y otros silencios (1981), Al final de las palabras (1985), Una hora antes (1991), El libro de los regresos (1999), Ritual de pájaros: antología personal (2004), Islas (2011), Lugar sin fin (2017), y Presencia de lo efímero (2021). En ensayo: Visión poética en tres libros de Alfredo Pérez Alencart (2017). Sus poemas y reseñas han sido publicados en reconocidas revistas literarias de Estados Unidos, Puerto Rico, México, Argentina, Brasil, España, Colombia, Chile, Italia, Nicaragua, Uruguay, Venezuela y Croacia. Varios de sus textos y reseñas han sido traducidos al portugués, inglés, italiano y croata. En 2001 fue invitado a la V Bienal de Literatura Mario Picón Salas (Mérida, Venezuela), y ese mismo año al II Festival Festival Internacional de Poesía celebrado en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. En 2006 asistió al Festival Mundial de Poesía en Venezuela, y en 2015 a la Feria Internacional del Libro de Venezuela dedicada a Puerto Rico. Ha participado también en Festivales Internacionales de Poesía en Puerto Rico, República Dominicana, México, Colombia, Nicaragua y España. En 2014 fue invitado a presentar Noche de Juglaría: Cinco poetas venezolanos” en Berna y Ginebra, Suiza. Ese mismo año la Universidad de Carabobo, Venezuela, le otorgó en reconocimiento por su trabajo literario la Orden Alejo Zuloaga Egusquiza en el Festival Internacional de Poesía de Valencia. En 2019 participó en el XXII Encuentro de Poetas Iberoamericanos celebrado en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca donde el honorable alcalde Don Carlos Garcías Carbayo le otorgó el Diploma de Huésped Distinguido. En septiembre de 2023 participó como invitado en el Festival Internacional de Poesía de Cali, y en la ciudad de Roldanillo dio lectura al ensayo “Tres poetas colombianos: Horacio Benavides, Omar Ortiz Forero y Miguel Méndez Camacho”. Actualmente reside en Nueva York junto a su esposa Gloria Quiñones Caraballo.

ELVIRA ALEJANDRA QUINTERO (Colombia, 1960). Su interés por la literatura la conduce por los caminos de la investigación literaria, en cuya búsqueda cursa estudios de Maestría en Literatura. Es así como en 1997 se gradúa como Magíster en Literaturas Colombiana y Latinoamericana en la Universidad del Valle con una investigación sobre El pozo, la primera novela del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti. Al año siguiente Elvira Alejandra queda finalista en el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura con su libro La noche en borrador y en 1999 obtiene el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá (Colombia). Elvira Alejandra ha participado en muchos encuentros de escritores en Colombia y otros países. Fue una de las primeras siete poetas que “iniciaron” el Primer Encuentro de Mujeres Poetas en el Museo Rayo de Roldanillo, en 1986. Estuvo en México, leyendo poemas con mujeres de todos los países en la región Mixteca o “País de las Nubes”. Sus poemas han sido incluidos en Antologías poéticas en Colombia, México, Francia y Argentina. Actualmente realiza estudios de Doctorado en Letras en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, Argentina, donde se investiga sobre el tema del “Viaje” en Andrés Caicedo.


El corazón de Ernestina Elorriaga

LEANDRO CALLE

Ernestina Elorriaga

Mi corazón es una perra huérfana

Apócrifa Editorial, 2023.

El libro se abre con una dedicatoria: “Con amor, en tu nombre, Cristina Coste a todas las mujeres”. Y ya, de entrada, el lector puede comprobar que este libro que tiene entre las manos, posee el peso y la grandeza de lo colectivo. Esta “perra huérfana” que ladra, contiene en su ladrido el ladrido de todas. Las que fueron, las que están, las que vendrán.

Cristina Coste fue una remarcable jueza de la zona de Cosquín y así la recordó el poeta carlospacense Aldo Parfeniuk en el obituario: «La Cristi, vecina de Cosquín y del barrio, alimentando cuanto proyecto o iniciativa que tuviese que ver con cuestiones artísticas y culturales, derechos humanos, ambientales o populares aparecieran en su sensibilísimo radar; la «Cristina del Flaco», como alegremente se dejaba llamar, sin falsas poses feministas, por la legión de amigos que abusábamos de su increíble generosidad humana”.

Desde la portada a los dos textos de contratapa, pasando por la dedicatoria y cada uno de los poemas, este libro viene a dar cuentas como lo refiere Ninfa Robles en la espalda del libro del “dolor en el largo silencio de miedo que paralizó a nuestras ancestras, del desvalimiento en soledad de tantos cuerpos maltratados por la furia femicida y de la violencia instituida por las religiones: la culpa por el pecado del placer…”

Mientras escribo este texto en la reseña noto que la palabra “ancestras” sale resaltada como mal escrita. Hago mis consultas. Curiosamente, en el diccionario de la Real Academia Española, la voz ancestro funciona como “epiceno masculino”. El epiceno, con un solo género gramatical, designa seres de uno y otro sexo. En este caso, “ancestros” es un epiceno masculino que se utiliza tanto para lo femenino como para lo masculino. En síntesis, no existe (no existiría) la palabra “ancestras”, de ahí el subrayado, y, más profundamente, he aquí la invisibilización, el apartamiento que ya, desde el lenguaje, se puede inferir y constituye deconstructivamente, los silencios, de una estructura patriarcal honda. Como vemos, ya desde las primeras páginas, la perra ladra fuerte y tiene razón en hacerlo.

Tina Elorriaga, que posee en su voz una cadencia sumamente dulce y profunda, lanza el primer poema con un título fuerte: “Violencia 1” y, seguidamente, toma es apalabra y la desmembra en la página, la desajusta y encontramos –casi como en un caligrama de Apollinaire” una v corta arriba, la i en un renglón más abajo, la n debajo de todo y la a final de violencia en un costado equidistante. La palabra violencia está estallada, y diseminada. No hay un orden. Hay caos y este caos tiene directamente que ver con el padecimiento de las mujeres. Esa violencia que surge sin sentido por todos lados, en todos lados, en los circuitos más íntimos y en las estructuras más universalizadas. Lo dice ella misma: “Desgajo el infierno que mana de tus letras/ lentamente/ te astillo// Asisto a tu entierrro”.


Sobre el autor


LEANDRO CALLE (Zárate, 1969) Poeta y traductor. Reside en Córdoba. Sus últimos libros de poesía son: entonces (Alción Editora, 2010). Blasfemo (Alción Editora, 2013), animalia urbana (Dínamo poético, 2014), elijo (Alción Editora, 2017), país (Alción Editora, 2018) y Nadar en las aguas de piscis (Colección Alfabeto del mundo, Ecuador-Venezuela, 2022). En 2020, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), publicó una antología que reúne veinte años de poesía: Algo que arde. Antología poética 1999-2020. Passer et autres poèmes , L’Éclat éditions, poésie/poche, Prefacio de Patricia Farazzi e Introducción de Yves Roullière. París, 2022. En narrativa publicó El punto débil (novela) colección Marea Negra, Ediciones Ilíada, Berlín, 2022; La mutiladora , (novela), Babel ediciones, Córdoba, 2023.


Como traductor ha traducido a Guy de Maupassant, y a los poetas marroquíes Abdellatif Laâbi, Siham Bouhlal y Miloud Gharrafi. También a los poetas francófonos Anissa Mohammedi de Argelia, Véronique Tadjo de Costa de Marfil y Gabriel Okoundji del Congo (Brazaville). Dirige para Alción Editora la Biblioteca de autores y temas marroquíes y para Eduvim la colección Marula de poesía africana. Desde 2012 es columnista cultural del diario Hoy Día Córdoba. Miembro del Centro PEN (Argentina). Presidente de la Alianza Francesa de Córdoba.



Algunas notas sobre Viaje, de Cecília Meireles

MIJAIL LAMAS

Cecília Meireles

Viaje (traducción de Gladys Mendía)

Chile: LP5 Editora, 2024

La poeta Cecília Meireles ocupa un lugar central dentro de la poesía brasileña del periodo modernista, a lado de figuras tan importantes como Manuel Bandeira y Carlos Drummond de Andrade. Su vocación humanista, su labor como educadora y como periodista, que constantemente enaltecía la educación pública y laica, la confrontaban de forma constante con la iglesia y una sociedad brasileña conservadora.

Para Cecília Meireles la poesía es una comunión:

las canciones parecen llegar mucho más directamente desde su origen a su forma exterior, o tal vez abren un paso más fácilmente a las almas: porque a través de ellas se acercan las distancias, se comprenden las criaturas y se comunican los dolores y alegrías siempre similares. [1]

La poesía, por lo tanto, es para ella un lugar de encuentro y entendimiento con los otros, un lugar para reconocernos.

Es con Viaje (1929-1937), su quinto libro, Cecília Meireles consigue su consagración, ya que le es otorgado I Premio de Poesía de laAcademia Brasileña de Letras,en 1938. Viaje no sólo es un libro importante por haber recibido el galardón, sino por su propuesta estética, la que presenta una poesía que se aleja formalmente del parnasianismo de sus primeros libros, así como una modificación en la tematización del simbolismo que también pude leerse en sus anteriores publicaciones.

Viaje propone una poesía que reflexiona sobre sí misma, el poema como crítica de la poesía. Es ahí donde radica la modernidad de Meireles, que en vez de enaltecer el exteriorismo conversacional y el arsenal léxico, propios del Modernismo Paulista de Oswaldo de Andrade, crea una poesía autorreflexiva, donde la meditación sobre el tiempo y el asombro del instante se elevan hasta alcanzar tonalidades del pensamiento filosófico cercanas a la meditación trascendental. Si bien no rehúye la dicción conversacional, esta se revela íntima y contenida. Así mismo renueva el tono epigramático, para actualizarlo en un vehículo de reflexión que supera el tono irónico y pendenciero que se había acentuado en la escritura epigramática de otros autores contemporáneos.

En sus poemas no hay una ruptura violenta con los modelos clásicos de la versificación de acentuación prosódica y mucho menos un alejamiento de la rima, sin que esto signifique que la autora deje de explorar formas novedosas de versificación, puesto que a lo largo de este volumen podemos encontrar realizaciones cadenciosas de versos libres, así como una exploración en el versículo de largo aliento. Su varia versificación por lo tanto se ajusta al ritmo que mejor le conviene a su expresión.

Sus temas, lo adelantaba arriba, son la poesía misma en su realización de palabra reveladora y música constelada, también lo es la reflexión sobre el paso inevitable del tiempo, la cristalización del instante y el asedio inevitable de la memoria, todo esto envuelto de una sensualidad que apela a conmover los sentidos. Todo lo anterior define su búsqueda de un lirismo trascendental.

Por esto y muchas cosas más, la traducción y publicación de un libro como Viaje, por Gladys Mendía y LP5 Editora, es un verdadero acontecimiento para la poesía en lengua española, ya que permite dar a conocer una de las poesías cumbres de la tradición brasileña del siglo XX a los lectores hispanohablantes. La traducción de Mendía es impecable, pues logra conservar la musicalidad compleja y rítmica, propia de la poesía Miereles, sin sacrificar en ningún momento el sentido profundo de la poesía de la autora. Sin duda una lectura clave y necesaria para entender una de las piezas fundamentales de la poesía brasileña del siglo XX.

NOTA

Tomado del O espírito vitorioso, tesis que la autora presentó al postular como maestra de la Escuela Normal, en 1929.


Sobre el autor

MIJAIL LAMAS (México, 1979) es poeta, editor, traductor y crítico mexicano. Es maestro en creación literaria por la University Of Texas at El Paso. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) reditado por la editorial argentina el suri porfiado en 2014; Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas (2009), Trevas. Canción del navegante de sí mismo (2013) y El canto y la piedra (2017) editado recientemente en España. Ha editado dos colecciones de poesía internacional para la editorial Valparaíso México: En el ombligo de la luna y Sólo una vez aquí en la tierra. Fue editor en jefe de Rio Grande Review. Es uno de los editores de la revista Círculo de Poesía (https://circulodepoesia.com/). Fue incluido en El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985) de la editorial española Visor Libros. Recientemente su obra poética ha sido publicada en Australia, Rumania, Italia y Macedonia.


De un mundo raro, de Solange Rodríguez Pappe: Una tradición propia de lo fantástico para abordar la realidad del gótico tropical

RAÚL VALLEJO CORRAL

Solange Rodríguez Pappe

De un mundo raro

Madrid: InLimbo Ediciones, 2021

Estoy convencida de que el camino de la escritura o es un camino espiritual o está vacío. Yo continúo, desde la sabiduría que da la imaginación, buscando lo verdadero, [1] dice Solange Rodríguez Pappe al final de su cuentario De un mundo raro y esta declaración encierra su poética que, desde el desborde de la imaginación, trabaja una vía distinta del conocimiento del espíritu humano. En este libro de cuentos, la autora nos descubre niveles profundos de la realidad a partir del develamiento maestro del terror y lo fantástico de la cotidianidad convertida, por fuerza de una escritura madura y profunda, en la realidad literaria de un mundo apocalíptico y distópico donde nos contemplamos con los ojos descarnados de la muerte.

Inventarse una tradición de lo fantástico

“¿La tradición? Yo me inventé la tradición” [2] dice la narradora de “Una poética”, el cuento que, como primera sección, abre el libro. La construcción de toda tradición es un acto creativo, ya que quien escribe literatura elige la escritura que le antecede; elige con quiénes dialoga en el pasado. En “Hotel La tradición”, cuento de Levitaciones (2019), Rodríguez Pappe ya planteó la urgencia de romper con una tradición realista: su personaje es una escritora hospedada en un hotel donde se han alojado solo escritores hombres, fantasmas literarios que “arrastran cadenas de palabras contundentes”; la escritora se da cuenta de que en ese hotel no podrá escribir ninguna línea, “o peor que eso: escuchar mi propia voz”, y concluye: “Tengo que salir de aquí”. [3]

La tradición no existe por sí misma. En el oficio de escribir, cada uno se rebela contra una línea tradicional y se conecta a otra, en parte para construir a partir de dicha rebeldía una manera distinta de decir basada en decires olvidados, en parte para evitar la orfandad. En De un mundo raro, Solange Rodríguez ha roto con una tradición realista para inventarse una tradición fantástica como una forma distinta de conocimiento de las múltiples dimensiones de lo real. La crítica Cecilia Ansaldo, ha señalado que este libro “… se yergue como un árbol con raíces en los variados ámbitos de la narrativa fantástica: fantasmas, muertos vivientes, crimen tipo gore, daño climático anunciador del fin, contactos interestelares”. [4]

Estos trece cuentos, número cabalístico de las historias de terror, se conectan en la tradición ecuatoriana con los 13 relatos (1955), de César Dávila Andrade (1918-1967). El horror de la muerte como presencia de un fantasma real que es una constante del libro de Rodríguez Pappe, dialoga, por ejemplo, con “Batalla”, de Dávila Andrade: Aguedita, la hija que se acuesta junto a la madre muerta para huir del hombre-animal-padrastro y del hombre-animal-hermano y mira al hermano con el rostro cadavérico: “Le sonrió con una especie de suave moho de sepulcro y ternura”. [5] Por su lado, al plantear Rodríguez Pappe en “Una poética” que “…la literatura es una convocatoria a fuerzas ingobernables que no terminamos de entender”, [6] la narradora/autora da forma a su poética de lo fantástico e incorpora como personaje de su relato a Dávila Andrade —quien levitaba en la casa familiar de una lectora según esta le cuenta a la narradora/autora durante la presentación de su libro—. Así, Dávila Andrade, que es parte de la invención de la tradición de Rodríguez Pappe, se convierte en una presencia fantasmagórica que se le aparece a la autora para aconsejarla en su escritura, de tal manera que ella logra plantear el enunciado polisémico del cuentario: “Yo no creo en fantasmas, pero los veo”.

La celebración de lo sobrenatural

La segunda sección del cuentario gira alrededor del tema de la muerte como una presencia que nos acompaña con la naturalidad de sus horrores. “Los muertos retornaban y debíamos honrarlos”, [7] dice el narrador de “Noche de difuntos”, un cuento que parte de la tradición del conmemorar a los muertos de la familia y que la autora lo narra en clave de horror fundiendo lo sobrenatural y lo cotidiano en la realidad de múltiples esferas sensoriales que construye en su escritura. Este es un relato redondo que concentra el horror en lo que tiene de brutal y afectivo el regreso, desde la ultratumba, de la madre muerta, así como el anhelo de que esta tradición continúe en ese hijo que deberá cumplir el mismo rito fúnebre.

Solange Rodríguez Pappe recupera para su escritura la tradición de los relatos orales sobre muertos y aparecidos que es parte del folklore popular. En “Compañeros de viaje”, los pasajeros de un bus cuentan varias historias de aparecidos durante un viaje que es representación de la fantasmagórica circularidad de sus propias muertes. Los niveles de la realidad y lo sobrenatural se mezclan al punto en que hasta quien lee podría preguntarse sobre su propia existencia: “…le puedo asegurar que todos los que son fantasmas aseguran que no lo son”, [8] sentencia, en un guiño de humor y horror, uno de los personajes del relato. “Las dramáticas imágenes” es, en cambio, un cuento de realismo gore, en donde el horror de crimen parecería una historia inverosímil, pero que, contado en clave de crónica, nos habla de feminicidios brutales en medio de una historia familiar en donde se cuece la violencia desde lo no dicho en el relato.

“Los armarios son los grandes vertederos de la casa […ahí van a dar…] cosas que nos mostrarían como las personas que en realidad no quisiéramos ser”, [9] dice la narradora de “La profundidad de los armarios”, un texto antológico de este cuentario. El relato se introduce en lo sobrenatural a partir de un recuerdo de infancia que aparece en forma de gato: el viaje de la protagonista dentro del armario parecería, a partir de la búsqueda del simbólico gato de la infancia, un viaje de la protagonista a su inconsciente, en el que rastrea el significado de la relación con su madre y los claroscuros de su propia sexualidad. El mundo es un armario y el viaje en su interior puede ser leído como un regreso al útero, concebido como espacio conflictivo que almacena la vida de la semilla de origen.

Tiempos apocalípticos y distópicos

En medio de tiempos apocalípticos y mundos distópicos, un personaje de “El mar espera entre las astas de los ciervos” dice: “…la escritura es una forma de oración”. [10] En la tercera sección del cuentario, Rodríguez Pappe construye alegorías sobre la tierra que crece, devora cuanto necesita para seguir viva, se multiplica (“Una nueva especie”); se adentra en el amor de seres de distinta especie, en un relato en el que un ser vivo no humano estudia la naturaleza del ser humano para comprenderlo, para amarlo mejor (“La noche del hombre salvaje”); nos habla, en un cuento donde cierto humor triste está presente, de la necesidad que tenemos los seres vivos de sentirnos amados, deseados, y sentir, al mismo tiempo, que amamos, que deseamos, sin que importe cuánta fantasía estemos dispuestos a aceptar (“Una luz inolvidable”).

En esta tercera sección asistimos a mundos al borde la destrucción en donde la sexualidad se expresa en lo siniestro y la oralidad de las historias vuelve a estar presente. La profecía sobre el renacimiento del mundo que ha muerto tendrá lugar desde la sobrevivencia de las mujeres: “Neciamente las mujeres volveremos como el mar con ternura férrea […] nos hemos sembrado en las cavidades del mundo y aguardaremos el momento de la vendimia, esperaremos como capullos hinchados e implacables, refulgiendo enterradas entre las astas de los ciervos”. [11] La escritora mexicana Alicia Maya Mares ha dicho de este libro: “Convergencia del horror con la soledad, un fin del mundo que persiste, pero no termina de inmolarse, lutos y pérdidas con frases geniales, inminencia de que estamos a punto de recibir un susto, sensualidad y súbitos momentos de vulnerabilidad a manos llenas”. [12]

La muerte como vivencia lúdica

Una vigilia entre el mundo de lo real y el mundo de lo onírico, un tránsito por una difusa línea divisoria de la vida y la muerte, la escritura desde una poderosa imaginación que nos permite conocer el horror de la victoria de quien le pone ganas a la muerte para vivir sin ataduras, finalmente, libre. La cuarta sección, en donde el tema de la muerte se vuelve una vivencia lúdica, se abre con un cuento que, salpicado de pinceladas de humor macabro, conjuga la vocación de la autora por fusionar lo sobrenatural con la cotidianidad de sus personajes. La narradora de la historia, que le echa ganas a la muerte, cuenta: “Pensé, estando al lado de los difuntos, que la muerte era una voluntad”. [13]

En otro cuento (“El mundo estará ahí afuera”), una maestra, ya para jubilarse, siente un pequeño ardor en la garganta; este dolor es todo un símbolo de la consunción de la vida del ser humano en su trabajo: la garganta, ese instrumento de trabajo de todo docente, ha dejado de funcionar. El dolor aumenta y esa realidad sobrenatural se aproxima, paso a paso, hasta instalarse, simbólicamente, en una maqueta sobre la independencia nacional: lo fantástico se instala y transporta al personaje a una dimensión, que es metáfora del encierro escolar, donde la muerte ya está jugada. Al final, el tono irónico es la persistencia de un humor bizarro: “Bien sabía ella que un curso escolar que se abandona mínimamente podría terminar involucrado en alguna desgracia”. [14]

Solange Rodríguez Pappe, que recupera la oralidad del folklore para su narrativa, ha reelaborado el cuento de Barba Azul mediante un juego intertextual y una alegoría de la sociedad patriarcal y las prohibiciones que pesan sobre las mujeres que son concebidas como propiedad de Barba Azul. El sótano es el submundo donde las mujeres padecen su vida de prisioneras anhelando salir al mundo de la luz, pero sin que ello signifique la libertad sino una posición privilegiada dentro de la opresión del sistema patriarcal que padecen: “Existe una multiplicación de sótanos infinitos donde las mujeres subterráneas damos las unas con las otras”. [15] Este ejercicio de puesta al día de un cuento clásico está llevado con maestría narrativa a partir de una composición de escenas breves que intensifican la intriga desde los giros novedosos que propone la reescritura. En este cuento, sin embargo, el horror de la historia de Barba Azul se multiplica por cuanto su poder continúa debido a la ausencia del ajusticiamiento, que sí sucede en el cuento original: la estructura del poder patriarcal permanece en este mundo de hoy porque “…mientras haya hombres habrá sótanos”. [16]

El libro se cierra con una narración extraordinaria —tanto por la fuerza de su escritura cuanto por el horror que se inscribe en la tradición de Poe— sobre la maternidad frustrada por causa de un embarazo que no fue tal. Lo monstruoso se manifiesta cuando la mujer decide conservar los restos del teratoma que le extrajeron y que, tanto ella como su marido, pensaban que era el hijo deseado. El sentimiento de orfandad de la madre y el padre es desolador y el duelo que permanece en ella, por la pérdida del hijo, se vuelve eterno. El duelo pronto se convierte en una obsesión en la que están presentes una casa en la que se practica un culto de lo sobrenatural y la aparición del fantasma triste del hijo que no llegó a ser concebido. La madre está dispuesta a mirar siempre hacia el espacioso mundo de la muerte a través del ventanal de un balcón. Así, Rodríguez Pappe ha construido una heroína que busca una parte de sí misma, ese hijo que nunca tuvo, prolongando su duelo en lo monstruoso de una realidad fantasmagórica, viviendo en una repetición alucinante de su frustrada maternidad.

Tormenta y pasión del gótico tropical

La escritora boliviana Giovanna Rivero ha dicho en el prólogo: “De un mundo raro es como esos libros renacentistas que se empecinaban por abarcar la totalidad y complejidad de la naturaleza, del cuerpo, de los animales, de los palacios, de las artes plásticas, de las matemáticas o de cualquier otra ciencia, con la alta esperanza de celebrar lo humano […] los cuentos de Solange ponen en contacto el duelo por un mundo extinguido y la celebración de otras posibilidades de vida orgánica y efectiva”. [17] Yo añado que es un cuentario de escritura deslumbrante; a ratos, descarnada dada la historia que construye; a ratos, poseedora de un macabro sentido del humor; a ratos, capaz de una ternura desgarradora; un libro que se inscribe, de manera renovada, en la antigua tradición de la tormenta y pasión, en el marco del gótico tropical de estos tiempos.

En síntesis, De un mundo raro, de Solange Rodríguez Pappe, es un cuentario que construye sus relatos extraordinarios a partir de la libertad de la imaginación, como otra aproximación que tiene el conocimiento para desentrañar los niveles ocultos de lo real; un libro que, a partir de la ironía y el humor para enfrentar la muerte y los miedos a lo sobrenatural, destruye la dicotomía racional entre lo real y lo fantástico construyendo un mundo que los contiene a ambos en lo cotidiano sin solución de continuidad entre sus bordes; un libro en el que algunas de sus historias suceden en tiempos apocalípticos y mundos distópicos como para decirnos que vivimos la era de un apocalipsis permanente; un libro que incorpora la oralidad del folklore en el rito solitario que integra la escritura y la lectura, como dice su autora: “Ahora, lector, prende fuego y aquieta el alma, que tengo algo que contarte para pasar a noche breve que es esta vida…”. [18]

NOTAS

1. Solange Rodríguez Pappe, “Imaginatio vera”, en De un mundo raro (Madrid: InLimbo Ediciones, 2021).

2. Rodríguez Pappe, “Una poética”, en De un mundo…

3. Solange Rodríguez Pappe, “Hotel La tradición”, en Levitaciones (Lima: Editorial Micrópolis, 2019).

4. Cecilia Ansaldo, “Sabiduría e imaginación”, El Universo, 28 de abril de 2022, acceso 20 de mayo de 2022, https://www.eluniverso.com/opinion/columnistas/sabiduria-e-imaginacion-nota/

5. César Dávila Andrade, “Batalla”, en Obras completas II. Relatos (Cuenca: Banco Central del Ecuador / Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 1984).

6. Rodríguez Pappe, “Una poética” …

7. Rodríguez Pappe, “Noche de difuntos”, en De un mundo

8. Rodríguez Pappe, “Compañeros de viaje”, en De un mundo

9. Rodríguez Pappe, “La profundidad de los armarios”, en De un mundo

10. Rodríguez Pappe, “El mar espera entre las astas de los ciervos”, en De un mundo

11. Rodríguez Pappe, “El mar espera entre las astas…” …

12. Alicia Maya Mares, “Arqueología onírica de los umbrales: De un mundo raro, de Solange Rodríguez Pappe”, Palabrerías, febrero de 2022, acceso 20 de mayo de 2022, https://revpalabrerias.com/2022/02/13/arqueologia-onirica-de-los-umbrales-de-un-mundo-raro-de-solange-rodriguez-pappe/

13. Rodríguez Pappe, “Autodiagnóstico”, en De un mundo

14. Rodríguez Pappe, “El mundo estará ahí afuera”, en De un mundo

15. Rodríguez Pappe, “Calamidad doméstica”, en De un mundo

16. Rodríguez Pappe, “Calamidad doméstica” …

17. Giovanna Rivero, “Prólogo: Raro, hermoso, lúdico. Eso es un mundo”, en Solange Rodríguez Pappe, De un mundo raro (Madrid: InLimbo Ediciones, 2021).

18. Rodríguez Pappe, “Imaginatio vera” …


Sobre el autor y la autora

RAÚL VALLEJO CORRAL (Ecuador, 1959). Ha publicado, recientemente: Mística del tabernario (Premio de Poesía “José Lezama Lima” 2017); El perpetuo exiliado (novela, Premio de la Real Academia Española 2018); Gabriel(a) (2019, Premio de Novela Corta “Miguel Donoso Pareja”); Trabajos y desvelos (poesía, 2022) y Poéticas de Guayasamín (texto transgenérico, 2022). Miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.

SOLANGE RODRÍGUEZ PAPPE (Ecuador, 1976). Realizó sus estudios superiores en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, donde obtuvo el título de licenciada en literatura y compartió clases con escritores como María Fernanda Ampuero, Luis Carlos Mussó, entre otros. Posteriormente realizó una maestría en literatura hispanoamericana en la Universidad Andina Simón Bolívar. Publicó su primer libro de relatos, Tinta sangre, en 2000 bajo la editorial Gato Tuerto. ​ A esta obra le siguieron Dracofilia (2005) y El lugar de las apariciones (2007). Su libro Balas perdidas ganó en 2010 el Premio Joaquín Gallegos Lara al mejor libro de cuentos del año, otorgado por el municipio de Quito, y el segundo lugar en el Premio Pichincha de Cuento. En 2018 ganó una mención de honor en el Concurso Nacional de Literatura de la Casa de la Cultura Ecuatoriana con su libro de cuentos La primera vez que vi un fantasma. ​ El libro fue publicado por la editorial española Candaya y reúne 15 cuentos en que se entremezclan la nostalgia y la desesperanza. ​ El libro ganó también una mención de honor en la edición de 2019 del Premio Joaquín Gallegos Lara. Su siguiente obra fue el libro de relatos De un mundo raro, publicado en 2021 y escrito durante la pandemia de COVID-19. En la misma trata temas como el terror, los feminicidios, el amor, entre otros. En el ámbito docente, ha tenido una larga carrera como profesora de educación superior en varias universidades del país. En febrero de 2017 recibió el Premio Matilde Hidalgo con la presencia del presidente Rafael Correa por sus 20 años de trayectoria académica en el área de Artes Literarias.

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