El Septentrión por Jia Kim

Relato

El Septentrión

Mi madre me contó alguna vez que los jóvenes que mueren de mal de amores a una temprana edad se convierten en septentriones, espíritus del viento que recorren la tierra siempre hacia adelante, besando con sus alas de nieve las bellas flores primaverales y posando sus gélidos labios sobre las mejillas de aquellos que esperan en vano a sus seres queridos, quienes ya no volverán.

Mi madre murió en invierno. Para aquel entonces yo llevaba cuatro años fuera de mi Perusia natal, luchando contra los romanos en una consecutiva guerra samnita, yendo de un lado a otro, donde se me necesitara, siempre preservando la paz en nombre de Laran. De todos los dioses era a él al que le rezaba más, no por amor a las contiendas sino, al contrario, porque él siempre luchaba por el amor de la alada Turan, la dama más hermosa de los cielos. Yo también tenía el corazón desbordado con la imagen de mi Arunthia. Mientras estaba de campaña podía prescindir de la comida sí esta se agotaba o del descanso, pero no había ni un día en el que no pensara en ella. Era todo lo que necesitaba para seguir respirando y cuando nos vimos por última vez juré a su familia y a la mía, y a cada dios que estaba siendo testigo de aquella velada, que volvería sin demora y uniríamos nuestras vidas y destinos para siempre. Tan solo le pedí que me aguardara.

Sin embargo, no pude cumplir nunca mi promesa, pues me hirieron gravemente en la orilla del lago Vadimón, en donde perecí al cabo de un tiempo. Un legionario me hirió en el abdomen y allí me quedé, maldiciendo a aquel romano, de cuyo rostro no me acordaré nunca. Puede que la herida no fuera tan grande como mi culpa. Estaba tumbado cerca del agua, carmín de tantos cuerpos que flotaban en ella, y no podía deshacerme del sentimiento de haberme convertido en un hombre que falta a su palabra. No podía entregar mi alma a Eita y bajar a su reino sombrío, no sin cumplir antes mi promesa.

Me acordé, en última instancia, del canto a Turan que entonaban mis hermanas. Le pedí, con los ojos ardiendo de dolor que me convirtiera en viento, y así algún día podría regresar a la tierra desde el norte y quedarme para siempre al lado de Arunthia. La benévola diosa me permitió morir de la forma de la que más ansiaba: por amor y no por la guerra. Se posó radiante ante mí, más clara que el sol, tapando el cielo con sus alas y extendiéndome su mano me dijo: levántate. Yo me alcé y me dijo vuela y yo volé. Ligero me vi de todas las cadenas del mundo. Al cielo me elevé en forma de humo y abracé la extensión del universo con mi nueva forma celeste.

Ahora sobrevuelo la tierra todos los días con mis hermanos septentriones, alentando los valles y las praderas con nuestra presencia, pero azotando el corazón de las personas que esperan noticias mejores. Al principio me quedaba junto a ellos para consolarles, aunque con el tiempo vi que mi presencia fría solo les afligía más. Mi conmiseración era inútil. Sé que la diosa me hizo inmortal como ella, atado por el resto de la eternidad a la ardua tarea de traer noticias sombrías, porque vio en mí la sinceridad de nuestro amor. He visto cada rincón del mundo y toda su fealdad. He presenciado pestes, hambre, odio, guerras que arrebataban sollozos hasta a los señores de los dos mundos. Y eso ha petrificado mi corazón, que no siente más ese dolor ajeno, pero no por ello dejaré de buscar a mi amada. Estoy seguro de que está allí, en algún lado, esperándome para regalarme una de sus sonrisas que me arrebatan el aliento, recogiendo flores silvestres que crecen en los campos y trenzándolas en su corona. Lo sé, sé que algún día la encontraré.


Sobre la autora

Jia Kim. Escritora y poetisa de origen eslavo. Sus relatos breves Cassandra y Su amor no tenía remedio fueron respectivamente galardonados en la segunda y tercera edición de Premis Ballein: llança’t a escriure. Asimismo, su poema Memoria ha sido publicado en la cuarta edición de la Revista Alborismos. Actualmente estudia cinematografía en Cataluña para ser guionista.


Imagen: Combat de Romains et de Gaulois, Évariste Vital Luminais

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s