Afrodita enamorada

“Este encargo es muy importante. Ya era tiempo de que reconocieran mi valía como escultor” pensó Fabricio mientras su mujer, Cintia, preparaba el pulmentum para la comida.

―Tengo que elegir la piedra. Al parecer, han traído mármol de la Isla de Paros. He oído que es una piedra muy blanca; será muy adecuada para esculpir la figura de Afrodita agachada, tan sensual y humana ―le explicó a su mujer ―. Tengo hecha una copia en arcilla que modelé cuando viajé a Tívoli y reproduje la escultura que allí se conserva, copia, a su vez, de la obra de Doidalsas de Bitinia ―continuó.

―¿Cuánto te van a pagar?― le preguntó Cintia, antes de meterse una uva en la boca.

―Eso es lo menos importante.

―¿Cómo va a ser lo menos importante? ¿De dónde crees que salen estas viandas que ahora disfrutas?

Fabricio no se molestó en contestarle; se hundió en sus propios pensamientos, mientras masticaba un trozo de queso. “Tengo que acudir al pósito a elegir la piedra. Está bien que nos hayan designado a varios escultores para construir la fuente monumental que quieren ubicar en el foro”, pensó. Después de comer se dirigió por la calle Cardo al pósito situado en la otra punta de la ciudad. Bloques de piedra de una blancura casi transparente le aguardaban. Eligió uno casi cuadrado en el que adivinó las formas de la diosa. “Quedará muy bien con el agua deslizándose sobre sus formas rotundas” pensaba. Acordó con los trabajadores del almacén que al día siguiente llevarían la piedra a su taller. Muy emocionado ante el trabajo que se avecinaba marchó a su casa y pasó el resto de la tarde organizando las herramientas que necesitaría para liberar a Afrodita de la piedra que la atrapaba.

Al día siguiente empezó a devastar el mármol con la ayuda de los martillos que percutían sobre los punteros y calados. En su mente de artista ya iba adivinando las formas de la diosa: el perfil de su cuello, la redondez de sus pechos, la gracilidad de sus piernas, los pliegues del vientre. Tras algunos días de duro trabajo comenzó a utilizar las gradinas para ir afianzando las formas. Una mañana, Fabricio se dirigió al taller, miró a Afrodita y exclamó sorprendido: ¿quién te ha movido?; ¡anoche, cuando me retiré a dormir, estabas mirando hacia la ventana y hoy miras hacia el taburete! No le dio mucha más importancia y se puso a trabajar, utilizando el cincel para limpiar las aristas.

―¿Has movido tú la figura que estoy esculpiendo?― le preguntó a su mujer a la hora de la comida.

­―Por supuesto que no; yo no entro nunca en tu taller― respondió Cintia.

Casi inmediatamente oyeron un gran estruendo que procedía del taller. Fabricio se levantó y acudió corriendo. Todas las herramientas estaban por el suelo.

― ¿Qué ha pasado aquí? Está claro que alguien entra y mueve los objetos de sitio. Pero ¿por dónde entran? Las ventanas están cerradas y la puerta del taller da a la casa― se preguntaba.

Pronto comenzó a utilizar las limas para el acabado y el trabajo borró de su cabeza estos acontecimientos. Según iba pasando la lima por los labios el sentía un cosquilleo en los suyos que le impelían a besar los de la escultura; si perfilaba las manos, las suyas sentían un hormigueo que le llevaba a acariciar las de la figura; cuando afinaba las formas de las piernas, todo su cuerpo temblaba de excitación.

Tras varios días de trabajo, la escultura estaba terminada. Ya se la habían reclamado varias veces, pero él siempre decía que no estaba acabada, mas ya no podía dilatar el tiempo de la entrega. Miró a Afrodita y le dirigió estas palabras: diosa casquivana, bendíceme con tu mirada y hazme digno de tu favor. Yo, un simple mortal, ruego a los dioses ser acreedor a tu amor. Y la diosa abrió los labios y dijo: Fabricio, yo también te amo y no deseo que otras miradas se posen sobre mi cuerpo desnudo. Escóndeme y no me entregues.

Lo había conseguido: la escultura tenía alma.

 


Sobre la autora

Concha Mora Olmedo: Nací en Madrid en 1963. Soy licenciada en geografía y postgraduada en biblioteconomía y documentación. Trabajo desde los 15 años, habiendo desarrollado numerosos trabajos, sobre todo en el ámbito editorial. Actualmente trabajo como encuestadora. En 2005 quedé finalista en el premio literario Constantí. En 2009 obtuve un segundo premio del V premio internacional de cuentos fundación anade. En 2015 obtuve mención de honor en el i premio nacional de poesía villa de Madrid. Desde 2016 hasta la actualidad he obtenido cuatro premios literarios, he quedado finalista en otros ocho concursos y he recibido mencion de honor o especial en otros dos y me han publicado otros 25 relatos en estos últimos años en varias antologías o páginas web.

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