“Bruja por derecho de mujer” y otros poemas de Marta Rojas Porras

Bruja por derecho de mujer


Eres una Bruja por el hecho de ser mujer,
indómita, airada, alegre e inmortal.
Robin Morgan


La piel no olvida nada.
Las cicatrices sangran.
La mirada deshilacha el recuerdo.
El corazón vuelve al dolor.
La humillación de la violencia y la muerte
no ha dejado de respirar.

Mandatos encubiertos
nos han dictado cómo comportarnos,
qué sentir, cómo no ser, cómo parecer.

Si rompemos el aro nupcial,
Si parimos sin casarnos,
quedamos fuera, por inmorales.
Si no nos casamos, no somos solteras,
sino solteronas fracasadas;
las canas y arrugas mejor ocultas
porque tenemos prohibiciones de avejentarnos.
Y, si estériles, desechadas.

A la casa nos han confinado,
con Penélopes y Marías y Martas
en la rutina de Sísifo.
Así, nos excluyeron del haber
y robaron nuestras cosechas.
Hipócritas,
para esconder el despojo
celebran, en grande, nuestra virtuosidad.

El decreto divino de un “destino natural”
nos ha aturdido.
Con destellos de luz de un espejo
nos exhibe como madres y esposas buenas;
como cuidadoras infatigables del nido familiar.
Somos la calladita y de discreta sonrisa,
la dulce, frágil y angelical.

En otra versión del mismo espejo,
mentirosas, seductoras e inconstantes.
Como a Eva, se nos ha responsabilizado
de la pérdida del paraíso,
de desatar todos los males
y de negar la esperanza,
desde nuestra ánfora de Pandora.

Nuestros genitales,
sucios objetos de placer y pecado.
Somos Magdalenas de la tentación.
Sirenas seductoras.
Serpientes venenosas.

Tuvimos que pelear por nuestra autoridad.
No la heredamos.
La ganamos en la participación comunal
como yerberas santas con remedios para la garganta,
el apazote para los brotes
ungüentos para espantar los mosquitos,
consejos para el mal de amores.

Pronosticamos porque escuchamos el bosque,
miramos las estrellas
y desciframos las vueltas de la luna.
Y… nos hicimos sabias.
Y, por sabias y conectadas, peligrosas.
De brujas nos tacharon.

Desde la imagen de la disciplina santa,
con la más atroz crueldad,
públicamente, nos incineraron.
Rompieron nuestros huesos.
Nos arrebataron el derecho sobre nuestros cuerpos.
¿Cuántas fuimos quemadas?
El grito aún arde en los vientos.

Ya no nos cazan con fuego ni guillotina.
Ni como a Juana
nos encierran en calabozos de locas
para silenciarnos.
Las hogueras han cambiado de forma.
Nos siguen atrapando y matando.
Nos obligan a parir
cuando aún jugamos con muñecas.
Nos tachan de majaderas y fanáticas
cuando reclamamos ante un lenguaje
que nos mal nombra o no nos nombra,
y gramáticas anquilosadas
que nos niegan
reciben la sacra bendición
y el aplauso.

Nuestra larga historia de resistencia
no podrá ser borrada.
No existen torturas ni mentiras
que nos puedan anular.
Resistimos juntas.
Miramos la historia escindida y oculta.
Rescatamos del olvido
el legado de fuerza y dignidad ancestral.

Como Ixchel, somos rocío de fertilidad libre.
No admitimos más Dianas vigilantes de la castidad de las ninfas,
ni más mentiras sobre nuestros placeres.
Somos mortales, no divinas ni demonias.
Nos declaramos brujas, autónomas,
y determinamos no callar.

Combativas, desafiantes,
Nos comprometemos a nutrir la esperanza y la imaginación.
En un acto de sororidad
y de lazos fraternos,
celebramos aquelarres lúdicos,
intercambiamos afectos, conocimientos, hechizos, y demás.

Más que leyendas, somos mujeres,
diversas e infinitas mujeres.
Estamos vivas y en vigilia.
Somos libres.
Somos brujas.


Madres

Madre.
Nunca la agresora.
La bondadosa y abnegada, siempre.

Jamás la que abandona su nidada.
No la gruñona.
No la explotada.

Madre estereotipo.
Objeto mercantil.
Pintura fantástica.

La mía, una maga constructora.
La de mi amiga, desaliento,
monstruo destructor de sus sueños,
manipulación del rencor.

Están las lobas al cuidado feroz de la manada.
Las Lloronas, agónicas en desventura por los ríos de la culpa.
Las ciegas ante la agresión que sufren las hijas.

Las mágicas brujas o hadas
que en veladas nocturnas
nos inyectaron el afán por volar.

Las que con sortilegios de lo nefasto cortaron las alas.
Las transgresoras y pioneras de la esperanza.
Las engatusadas por el sistema del miedo.

Mujeres, casi todas, muy valientes.
Su cosecha,
según la tierra donde fueron plantadas.

Ricas y pobres, buenas y malas,
torpes e inteligentes.
Todas imperfectas.
Todas humanas.

Y yo, madre, hoy,
plena e incompleta,
con un poquito,
de cada una de ellas.


Importa, sí, que dejen ya de asesinarnos

Una lluvia nauseabunda vomita estas calles.

No importa, María Paula, Maritza, Marianna,
si tu color atraía las auroras.
Si en tus cabellos, Rita, se enredaban esperanzas.
Karen Vanessa, Gretel, no importa
si tu vientre había sido habitado.
Si en tu casa, Kimberly, te necesitaban unos brazos.
Si arañabas miserias y soledades, Isabel.
Si eras joven o vieja, Yarissa.
Si tus manos vestían callos, Hellen.
Si ojos admirados detenían su paso
para contemplarte, Tatiana.
Importa sí, que mujeres de 19, 36, 20, 18
o de cualquier edad,
con arma blanca, con disparos, a palos,
con hijos, sin hijas, embarazadas, alegres, tímidas,
populares, exitosas o frustradas,
en Puerto Jiménez, San Carlos, Liberia,
Cartago, Siquirres, Golfito, San José,
en la ciudad o el campo,
costarricenses o nicaragüenses
turistas o residentes
son un eco silenciado en una lista.
Importa sí, que Jessica, de 34,
pasa a ser parte de una estadística
como el octavo femicidio del año.

Importa sí, la noticia de estos inicios de noviembre,
que enredada con la propaganda navideña dice:
Eva, ella vivía en Barva,
solo tenía 19 años, era estudiante universitaria
con un hijo de 4 años
y su expareja, el padre del niño, la mató.

Y en Eva, todas las Evas.
Y en el hijo de Eva, todas las víctimas huérfanas.
Y en la familia de Eva, todas las familias
torturadas por la violencia feminicida.

Importa sí, que cada una de estas mujeres
merecía apropiarse de sus sueños.

Importa sí, construir una sociedad de afectos sanos,
despojada de seres humanos como pertenencia
y fundante de masculinidades con prácticas más igualitarias.

¡Importa, sí,
que DEJEN YA DE ASESINARNOS,
que el “ni una menos”
sea realidad y no discurso vano!

Imagen: La hechicera (1685) de Bartolomeo Guidobono


Sobre la autora

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: